Mi podcast: ¿Y por qué no aquí?

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lunes, 7 de abril de 2014

Kjøsterudjuvet, un espectáculo natural al lado de mi casa

A veces recorremos kilómetros y kilómetros en busca de paisajes y experiencias, y no nos damos cuenta que las tenemos al lado de casa. Yo tardé 30 años en visitar las Hoces del Duratón, cuando están a una hora de Valladolid. Perdí la oportunidad de visitar San Sebastián mientras estudié periodismo en Bilbao con la tonta excusa de “ya iré el finde que viene”. Y tras 9 años en Drammen, aún no había visitado un paraíso natural a cinco minutos del centro de la ciudad y de mi casa, Kjøsterudjuvet (a partir de ahora escribiré Kjósterudjuvet para no tener que cambiar de teclado constantemente). Un cañón excavado en la montaña de Drammen tras 10.000 años de caída de agua del lago llamado Gamledammen (“la vieja señora”).
La ruta se inicia a los pies de las pistas de esquí de Drammen. A estas alturas del año, las bajadas parecen la espalda de un dálmata con una mezcla de blanco y oscuro que no animan a tomar la tabla. Así, a falta de snowboard, mi hijo Daniel y yo tomamos la vía paralela, Kjósterudjuvet. Estamos en plena época de deshielo, y es posiblemente ahora el momento menos indicado para hacer esta ruta, ya que la mezcla de agua y piedras pueden convertir el paseo en una pista de patinaje, pero los Fernández somos reconocidos internacionalmente por nuestra valentía y coraje y nos lanzamos a la aventura. (Seguro que hay algún Fernández en el mundo que sea valiente y con coraje, así que tomo su apellido).
Tras recorrer unos 500 metros en lo que en invierno es la pista de esquí de fondo, se llega a un viejo puentecillo de madera, donde hay que decidir: mirar hacia abajo en el cañón, o vivirlo desde dentro. Estábamos decididos y entramos. Desde el primer momento se ven pequeñas caídas de agua que hacen daño a los oídos pero acarician la vista. 
Hay que ir saltando el riachuelo de un lado al otro continuamente, y en muchas ocasiones casi todo el pie debe introducirse en el agua. En algunos momentos, he de reconocer que acojona bastante y puesto que lo que dije antes de los Fernández era sólo paripé, a cada escollo un grito de satisfacción salía de mi garganta.
Nada más comenzar, ya íbamos un tanto cansados, pero la adrenalina hizo su trabajo tras un par de desniveles y ambos estábamos a tope de energía subiendo piedras y saltando charcos. 
Este cañón tiene cerca de un kilómetro y media de largo y momentos en los que las paredes a ambos lados superan los 50 metros de largo. A medio camino, el cansancio empezó a hacer mella y la preocupación también. Había escuchado que en alguna ocasión un helicóptero tuvo que rescatar a algunos turistas incautos. Mi cuenta corriente no se encuentra en condiciones de pagar la bajada de bandera de un helicóptero, así que no entraba en nuestros planes. Pero llega ese momento en que te planteas: ¿seguimos o nos damos la vuelta? Ir hacia abajo resulta más complicado que ascender, así que decidimos seguir adelante. 
El esfuerzo provocado mantiene el cuerpo caliente, pero la parada para almorzar a medio camino no puede ser larga. La temperatura al comenzar era de 7-8 grados, pero a esa altura debíamos acercarnos a los grados negativos. Tras otros metros de ascenso, la nieve empieza a hacer acto de presencia, y nos tranquiliza saber que no hemos sido los únicos que hemos pisado por ahí últimamente y decidimos seguir las huellas creadas en el hielo. 


El punto culminante de la ruta se encuentra en una gran caída de agua imposible ascender sin ayuda, por lo que está instalada una escalera de hierro acompañada de una soga para ayudarse a subir. Ascender la escala con la catarata a tan sólo medio metro de ti es una experiencia increíble. 
A pesar de estar en medio de la montaña y a 50 metros de profundidad, el teléfono y el GPS aún funciona. Cuando vi que, aunque estábamos aún a unos metros del final, un hueco en la montaña nos permitía subir hasta la cima de las pistas de esquí, por donde íbamos a realizar el descenso, decidí tomar el atajo.
Ascender esa pared fue casi escalada y conviene no mirar hacia abajo mientras subes. Aunque la naturaleza o los años de turistas han dispuesto la pared para que parezca que hay escaleras, y siempre hay un lugar donde asentar el pie.
Llegamos a la cima y fue un momento genial poder gritar con mi hijo y abrazarle. Como veis, yo no soy muy rutero, y lo que para otros puede que sea un canapé dominical, para mí fue una pequeña hazaña secular. 
Tras otro pequeño avituallamiento entre la nieve y las hierbas, llegó una parte no menos emocionante. Habíamos usado cerca de 2 horas en ascender, y la bajada no llegó a la media hora. Llegamos a la pista de esquí que, aunque con muchas calvas, todavía tenía zonas donde deslizarse. Saqué la bolsa impermeable que protege la mochila, asentamos nuestros traseros… y empezamos a gritar. Hoy debo tener el culo repleto de moratones, porque la ladera no está precisamente en condiciones para los deportes de invierno, pero mereció la pena. 
Casualidades de la vida, al llegar a la base de las pistas, un podio nos esperaba para podernos sacar la foto como campeones. 
Una ruta muy recomendable.

jueves, 23 de julio de 2009

¡Ryanair repone Madrid-Oslo!

El hecho de que aparezca la palabra Ryanair en el título no debería dar para añadir símbolos de admiración y sentimientos de alegría, pues no son pocos los disgustos que esa compañía me ha dado. Pero la verdad, después de contar con tres líneas directas a Madrid y su posterior y pronta eliminación, esta noticia llena de gozo a un españolito de interior como yo.
A partir del 30 de septiembre, Ryanair unirá Barajas con Oslo-Rygge. Rygge es un nuevo y pequeño aeropuerto situado a una hora en coche del centro de Oslo, hacia el sur. Estos aeropuertos tienen sus ventajas. Quizás estén un poco más alejados de la capital, pero el aparcamiento es más sencillo, las colas para facturar mínimas y las posibilidades de que te pierdan la maleta se reducen. En este sentido, no ayuda el saber que despegas o aterrizas en Barajas, conocido por su habilidad a lo Houdini para desaparecer equipajes. En mi último vuelo vía Franckfurt, con Lufthansa, una maleta repleta de regalos se quedó dando vueltas en la Terminal 1 madrileña, y me tuvieron cinco días sin dormir hasta que apareció.
La crisis ha afectado mucho al sector aéreo. Tanto es así, que prácticamente es por lo único que he notado la crisis en mis propias carnes, ya que parece que, aunque también se sufre al conseguir créditos y un pequeño aumento del paro, Noruega está sobrellevando estas vacas flacas bastante bien. Hace apenas uno o dos años, Ryanair, Norwegian y SAS unían Oslo con Madrid. Tres compañías diferentes, tres conceptos de servicio aéreo y múltiples posibilidades, precios y horarios. Pero de la noche a la mañana, eso se cortó. Madrid no es rentable. No tiene playa, diga lo que diga la canción de los Refrescos. Ryannair conecta los dos aeropuertos secundarios de Oslo (Torp y Rygge) con Girona y Alicante, y Norwegian ofrece múltiples posibilidades en la costa. Pero el interior de la península tenía pocas opciones.
Algo ha ayudado a que Ryanair se anime de nuevo. Antes desde Torp y ahora desde Rygge. Además de que las tasas aeroportuarias son menores en aeródromos secundarios, la política noruega ha favorecido en este sentido. Leía en Europa Press hace unos días, que las compañías aéreas criticaban la subida de las tasas de los aeropuertos en plena crisis. La economía es complicada, pero parece de curso básico el saber que ante la caída de la demanda, la subida de los precios no es una opción lógica. Noruega ha congelado los precios de estas tasas, y eso, a una compañía como Ryanair le viene genial. Se sacan más en sus loterías, retretes de pago y asientos de pie. Se podrá criticar lo que se quiera, pero hace unos días me permití el lujazo de invitar a mis padres a venir a visitarme en octubre. Al pertenecer al "club de los 60", tienen más tiempo libre y las fechas de salida y llegada no importan mucho. Eso ha hecho que tan sólo pague por los equipajes y por algo tan surrealista como tasa por pagar con tarjeta (¿qué otras formas de pago hay por Internet?). Un total de 65 euros. Más barato que el viaje en Ave Valladolid-Madrid. Y si además te sirven la comida prefabricada las muchachas de la foto...¿quién se resiste a visitarme a Noruega? Estáis invitados.

lunes, 18 de mayo de 2009

Orgasmo de patriotismo

La verdad es que la celebración del día nacional de Noruega es lo más antierótico que se pueda imaginar, pero me hacía falta un titular que enganche, y además más de uno llegó al éxtasis cuando el violinista ganó eurovisión recién entrado el 17 de mayo.
La fiesta nacional comenzó con el deporte nacional, la religión nacional: Eurovisión, que en Noruega se llama Melody Grand Prix. Aún no he conseguido el por qué de este renombre. Como prueba de la importancia de este evento, puedo contar que en la pasada cena de Navidad con los compañeros de trabajo, a la jefa se le ocurrió amenizar la velada con un concurso de preguntas sobre los últimos 50 años de Eurovisión (fiestón). Lo espeluznante no fue esta ocurrencia, sino que todos respondieron correctamente casi todas las preguntas.
Lo cierto es que las dos últimas ediciones de Eurovisión han tenido su atractivo viviéndolo en Noruega. La fiesta del Chiki-chiki fue inigualable, pero la que ha provocado Alexander Rybak le está a la zaga, a su estilo. La verdad es que la canción mola. Aún no he conocido a nadie que no le guste ¿y a tí? En Noruega alguno llevó la celebración al máximo y se paseó por el centro de Oslo cantando el "im in love, with a fairytale" tal y como Dios le trajo al mundo.
La preocupación ya ha llegado a Noruega, pues tras la alegría de la próxima celebración del evento en Noruega, llega la preocupación de que la final de la Champion en 2010, que será en el madrileño Bernabeu, será el mismo día, el 22 de mayo. (Ver noticia en noruego)
Alexander Rybak, "Fairytale"

Eurovision 2009, Noruega
Y llegó la gran fiesta, el 17 de mayo, día de la constitución, fiesta nacional. Fiesta, fiesta... celebración digamos. Como ejemplo, me ha marcado lo que ví hace unos días en VG, el mayor periódico de Noruega. A dos páginas, todo color y grandes fotos: "VG te ayuda a disfrutar al máximo del 17 de mayo, elige el mejor helado". Y es que uno de los puntos álgidos de esta fiesta es que los niños, y los no tan niños, pueden comer todos los helados que quieran. ¡Fiestón!
Este año, yo lo he celebrado en el pueblo donde vivo, Solbergelva, y por eso las fotos que adjunto no tienen demasiado ambiente. Oslo se pone a rebosar de gente. Pero esta celebración tiene su encanto. Desfile, musiquita de orquesta tocando el Fairytale, todos trajeados y juegos para los niños. Luego, barbacoa con la familia. Está bien, la verdad, pero se echa de menos algo más de música y baile que recuerde un poco más que estamos de fiesta. Pero de donde no hay no se puede sacar. Es lo que les falta a los noruegos, un buen baile. De todas formas, yo este año lo he disfrutado. Un tiempo magnífico y mi hijo lo ha pasado genial. No me hace falta más. En un mes estaré en Madrid. Allí no creo que escuche a Alexander Rybak.
Fotos del desfile del 17 de mayo de 2009

Solbergelva (Noruega)

lunes, 27 de abril de 2009

Mi ciudad, Drammen: ¿La mejor ciudad del Mundo?




Todas las fotos son de Drammen. Autor: David Fergar
¿Quién me lo iba a decir? Vivo en Drammen desde hace casi 4 años. Drammen es una ciudad pequeña a 40 km. de Oslo. Una ciudad dormitorio que hasta hace bien poco tenía mala fama en Noruega. Sería como decir el Móstoles de Noruega. Con sus empanadillas y todo. Hace poco más de un año, me encontraba yo totalmente deprimido porque me había venido de Valladolid (sin duda no la más popular de las ciudades españolas), a Drammen, un pequeño agujero perdido en el Polo Norte. Y mira tú por dónde. Cuán equivocado yo estaba. Ahora resulta que vivo en LA MEJOR CIUDAD DEL MUNDO, con mayúsculas. ¿Cómo puedo llegar a esta conclusión? De todos es sabido que Noruega, y en general Escandinavia, siempre encabeza las listas de países en calidad de vida. Aquí está la lista de The Economist, que incluye criterios más económicos (esta lista es de 2005 y Noruega está en tercer lugar), y la lista de las Naciones Unidas sobre desarrollo human0 en 2006, donde se incluyen criterios basados más en sanidad y seguridad. Aquí Noruega tiene el orgullo de encabezar el listado. Y hace poco salió la lista de las regiones noruegas con mayores oportunidades de prosperar económicamente y atractivas para vivir. Drammen está a la cabeza. Así que, usando la lógica que aprendí en COU. Si Noruega es el país número 1 del mundo, y Drammen la ciudad número 1 de Noruega, Drammen es la mejor ciudad del mundo. Con un par.

A mi me gustaría saber qué se han bebido los que crean este tipo de listados. O mejor dicho. Qué no se han bebido, porque está claro que a estos no les gusta irse de vinos, porque si no el listado sería bien diferente, y de seguro Drammen no iría a la cabeza. Siempre me he preguntado qué se entiende por vivir bien, calidad de vida. Yo ahora vivo en Noruega, pero tampoco siento que mi vida sea mucho mejor que la que tenía en España. Bueno, quizás ahora, con 4 millones de parados, sí que me sienta seguro en esta isla de la prosperidad. Trabajo parece no faltar, de momento. Y tener hijos en Noruega sí que es mejor que en el resto del mundo. Pero en cuanto al resto de servicios sanitarios, seguridad ciudadana e infraestructuras, no veo yo dónde está esta superpotencia. Y qué carajo, estas estadísticas siempre se dejan fuera la vida social, que también es calidad de vida. Y si no, ¿por qué Escandinavia tiene uno de los niveles de suicidios más altos, y los niños cubanos siempre salen riendo en las fotos?

Siendo un poco más objetivo, y para sacar las luces y las sombras, sigo sin pensar que Drammen sea una ciudad de ensueño, pero es cierto que ha mejorado mucho últimamente. Tenemos la piscina más grande de toda noruega, que es un auténtico parque acuático, y un centro cultural, Union Scene, con una programación fantástica. Aquí voy yo a cursos de tambores africanos y tango, y aquí he visto a Juan Luis Guerra y próximamente a Estrella Morente. Supermercados, centros comerciales, cine, teatro... no faltan. Son pequeños, pero más que de sobra para la población. La pega, es que aburre encontrarse siempre las mismas caras.

En estos días, el Ayuntamiento de Drammen ha lanzado una campaña en todas las televisiones de Noruega, para relanzar el nombre y la imagen de la ciudad. El centro de la campaña es la nueva web, http://www.drammen.no/. Es muy completa, también con versión en inglés. Aunque demasiado completa, diría yo, puesto que en listado de restaurantes de la ciudad incluyen a McDonalds, que se le pueden poner muchos adjetivos, pero nunca restaurante. A continuación incluyo el vídeo de la campaña. Drammen se presenta como Elvebyen, la ciudad del río, porque éste es la columna de la ciudad.



Drammen, Elvebyen

En resumen, Drammen no está tan mal, y cada vez mejor. Pero sigo siendo urbanita. No cambio esa ciudad invivible, pero insustituible: Madrid.




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viernes, 10 de abril de 2009

Esta Pascua tiene huevos

Y yo me pregunto: ¿Qué carajo tienen que ver los huevos y los conejos con la Pasión de Cristo, las lágrimas de la Magdalena y las tres negaciones de Pedro? Ni idea. Pero es lo que tiene vivir en esta tierra de Sarracenos. Que parece que vivo en una serie americana. Que llega Halloween...calaveras por todas partes. Que viene la Navidad...arbolitos naturales de dos metros en el salón. Y llega la Pascua (no tiene sentido el concepto de Semana Santa)... y a tocarse los huevos. Quiero decir, a sacar los huevos... del cajón, para adornar la casa. Invito a algún lector amante de la Wikipedia a que investigue de dónde viene esta tradición, porque a mí no me apetece. Hay que tomarlo como tradición y respetarlo, porque si no, en mi vida colocaría yo en mi casa adornos como los que acompañan este texto, tomados en distintos rincones de mi casa y a cual más hortera. Tomado en su conjunto, y como tradición, tiene su gracia. El pollo es gracioso y los huevos tienen golosinas dentro, pero con lo que no puedo son con los mantelitos amarillos. Y es que todo es amarillo. Si en Navidad los colores son el rojo y el verde, la pascua eligió la cromática gafe. Tulipanes amarillos dan el toque de glamour a la casa. Pero no lo discuto y ayudo en la decoración. Ya tuve bastante con la disputa aquellas Navidades en que quise colocar guirnaldas de colores que desentonaban con los adornos navideños estilo IKEA. Huevos amarillos hay que poner... pues huevos amarillos se ponen. Y no hay más huevos.
"¿Y por qué todo es amarillo?", se pregunta el angelito.




El pollo
Y por hablar de otras tradiciones durante esta semana en Noruega, se puede destacar su propia procesión de los borrachos, aunque un tanto alejada de la zamorana. Otra costumbre de esas que no tienen lógica ninguna es la que algunos grupos hacen en Jueves Santo: el "harry tur" (la excursión cutre, en su traducción más directa). Cogen sus coches, los más cutres y que más ruido hagan, y cruzan la frontera con Suecia. Allí esperan una serie de supermercados que, además de tener carne y tabaco a la mitad de los precios noruegos, tienen el alcohol a precios que atraen a la alcoholemia. Y muchos se lo toman a rajatabla. Tradicionales son también las imágenes por televisión de adolescentes noruegos completamente borrachos liándola parda al otro lado de la frontera. Pero son tradiciones, y quién se atreve a criticar las tradiciones. ¿O es que alguien se atreve a llevar la contraria cuando el Ku Klux Klan invade las calles españolas? ¡Señor, qué cruz!


lunes, 15 de septiembre de 2008

Vida y muerte en Geilo

El título quizá cree más expectativas de las que voy a ofrecer, pero me gusta enganchar al lector con un buen titular. Tengo ese puntito sensacionalista. Otras opciones eran "Cosas que hacer en un lugar muerto", versión propio de la película "Cosas que hacer en Denver cuando estás muerto". Pero al grano. Este fin de semana he estado en un seminario de profesores en Geilo (pronunciado Yailo), un popular centro de esquí en las montañas del centro de Noruega. Y no, aunque en noruega haga frío, en septiembre aún no hay nieve. Al menos no en Geilo. ¿Y qué es una estación de esquí sin nieve? ¿No es la más clara definición de un lugar muerto? No para un noruego. Después de tres años en Noruega sigo siendo un urbanita y no le saco todo el provecho que tiene a esta maravillosa naturaleza. Confesar que he estado tres días en la montaña, y no he salido del hotel. Seminario, bar y bolera. Bueno, media horita de paseo sí dí. No es para estar orgulloso, pero lo de levantarme a las siete para subir a la montaña no va conmigo. Geilo tiene muchas opciones para los que les gusten estas cosas: Paseos por el monte, con telesilla para subir a la cima, pesca, caza, paseos a caballo... ¿Llegará el día en que le encuentre la gracia a estar dos horas con la caña tirada en el agua y sin ni siquiera poder tomar una cerveza? (Porque aquí ya con eso, si coges el coche, por lo menos te la cortan) Todo este post vino al hilo de una conversación con una sueca muy "divertida". La erudita de ella habla sueco, noruego, latín, francés e italiano. Y vaya, le fallaba el español. Me tocó a su lado en la mesa y dio por hecho que mi nivel de italiano es casi el de un romano. Y dando la brasa en la cena toda la noche. Y yo asintiendo. Cuando creía haber entendido algo, respondía en español y me daba cuenta que ella tampoco me entendía un carajo. Así que digo: no tengo ganas, pero me voy a fumar un cigarro. ¿Y qué pasó? Que preguntó si me podía acompañar. Jodó. Salimos a la terraza, que por cierto tenía unas vistas al anochecer fabulosas. Y dice: "¿No es esto la vida? ¿No es maravilloso? Yo no necesito nada más." Y yo pienso: "Pues no. ¿Acaso no es esto la muerte? No se define la muerte como el sitio en que no se encuentra un restaurante, un cine o un buen bar de tapas?". Noruega es precioso, sí. Pero hasta los fiordos cansan. Estos nórdicos son así. ¿Quién quiere tener un vaso de un buen Ribera cuando puede disfrutar de un paseo por el campo? Pues yo.
A pesar de estas críticas (siempre exageradas para dar más colorcillo al blog, claro) ha sido un fin de semana fantástico. Después de tomarme tres paracetamoles para sobrellevar las charlas sufridas en noruego con acento finés, sueco con acento sueco e intentos de español con varios acentos nórdicos, da tiempo para pasarlo bien con los compañeros. Nada mejor que un buen seminario. Ganar al jefe a los bolos con una jarra de cerveza que él ha pagado se agradece. Y los músicos de hotel no son tan malos como aparentan cuando se está en buena compañía. Yo creo que mi relación amor-odio con Noruega durará toda la vida. ¿Pero acaso no son todas las relaciones así?

domingo, 17 de agosto de 2008

Fin de semana 100% norsk (noruego)

Es mi último fin de semana de vacaciones, y después de unos últimos tediosos quince días, he tenido un fin de semana movidito. Pero movidito al estilo noruego, no vayan a entender mal. Cierto es que el viernes me tomé unas cañas con un amigo por la noche, pero el fin de semana siempre ha empezado en sábado, ¿verdad? Pues ese es el que cuenta y del que voy a hablar. He tenido dos días de auténtico "norwegian enterteiment", y la verdad, a un chico de ciudad como yo, que siempre había visto el campo en las películas y los animales en una jaula, he de decir que me ha gustado bastante.
El sábado estuvimos en Bjørneparken, El parque del oso, en la localidad de Flå, en el interior de Noruega, a dos horas de Oslo. No deja de ser un zoo paracido al vallisoletano de Matapozuelos, ahora apodado Walwoo, que suena más "cool", pero claro, allí no se ven alces. Lo primero que sorprende (al que no lleva en Noruega mucho tiempo) es el precio de la entrada, porque se pagan 100 kr por persona (12 euros) y tampoco hay tantos animales que lo valgan. Pero dejemos el eterno tema del dinero y disfrutemos del paseo. Sí que hay verjas, sí, no andan sueltos, pero los bichos tienen mucho espacio, y se puede dar de comer a osos y lo más llamativo para los españoles los alces, símbolo y orgullo de Noruega. Si se va acompañado de críos, y yo iba con mi hijo de tres años y una amiga de cinco, se disfruta bastante. Merece además la pena visitar una tremenda cabaña hecha en madera al estilo Samish.
Hoy domingo he tenido el típici "fisketur", excursión de pesca. Mi sobrino, de 24 años y auténtico vikingo curtido en mil batallas campestres, me ha llevado a uno de los mil fiordos de Noruega, en Sylling, hemos montado la canoa y a la aventura. Había unas olas bastante intimidantes para una canóa de fácil vuelvo, pero como íbamos calzados con nuestro gore-tex, dijimos adelante y al toro. Bueno, no dijimos eso, que aquí el "bullfighting" está muy mal visto. Atracamos en un islote en medio del río y sacamos las cañas... de pescar. No hubo suerte. Ni trucha ni salmón. Otra vez será. Encendimos la hoguera y con rudimentarios utensilios comimos los típicos "polses" (salchicas), beicon (¿se escribe bacon?) y huevos revueltos. Y de vuelta para casa.
Esta historia contada así será de lo más simple y monótona para los amantes del campo, pero para mí ha sido una pequeña aventura. Habrá más. Noruega tiene muchas posibilidades ahí entre los árboles y los lagos.

jueves, 10 de julio de 2008

Geiranger, 3 días en el paraíso. Día 4

¿Pero cómo? ¿Día 4? ¿No habíamos quedado en que eran tres días en el paraíso? Exactamente, 3 días en el paraíso y uno en el infierno. Porque este cuarto día sólo consiste en conducir y llegar a casa, pues llevamos 1000 kilómetros sobre las ruedas y el cuerpo no da pa más.
Seguimos por la carretera 7 en sentido Hønefoss / Oslo. Al llegar a Hønefoss, se toma la carretera 35 hacia la derecha, sentido Hokksund (recordemos que este viaje es de vuelta a Solbergelva / Drammen, no Oslo, y está especialmente pensado para los amigos que vengan a visitarme). En Hokksund, ya se ve la señal de Drammen. Unos pocos minutos más de sufrimiento, y ya estamos en casa.
Hogar, dulce hogar. Quién lo diría. Ya no hubo fuerzas para tirar una sola foto. No hubo fuerzas para avanzar un kilómetro más. Y yo ya no tengo fuerza para escribir ni una línea extra. Ahí queda eso. BUEN VIAJE

Geiranger, 3 días en el paraíso. Día 3

¡3 de julio! Tercer día de viaje de los tres días en el paraíso. Tres, tres, tres... qué gran número. ¿Que por qué? Pues porque es mi cumpleaños! Se que a quien léa este blog por puro interés turístico le importará un carajo el día que cumplí 30 años, pero este es mi blog y escribo lo que me apetece, qué carajo.

Después de la experiencia automovilística, decidí (porque por mi novia ella hubiera repetido, no mide 1,91) dormir en una cabaña de un camping. En esa de la foto. Y también se verá la belleza. Un río enfrente, una cascada detrás, y cesped en el tejado. Esto del cesped es muy típico de este país. Aún no he descubierto la razón auténtica, pero tengo mis propias ideas. Por un lado puede ser porque aísla del frío y el agua, y por otra para no dañar el paisaje, porque si ves un camping desde el aire, las cabañas se camuflan a la perfección. A pesar de matar muchas ballenas y ser los terceros productores de petroleo del planeta, los noruegos respetan bastante el medioambiente.

Antes de comenzar a relatar la jornada, olvidé decir mis regalitos de cumple. ¡Nada menos que la Wii! Sí, la Nintendo, que en medio de la montaña, en una cabaña sin tele, vale de poco, pero es una caja muy bonita, oiga. La Güí estuve todo el viaje camuflada en los piés del asiento trasero. A esto habría que añadir un par de souvenirs de Geiranger, como es un colgante con la letra china de mi horóscopo chino (el caballo, por nacer en 1978) y una cartera de piel muy de caballero. Y después de esta pausa publicitaria, pasemos a lo interesante.

Nos calzamos las botas de Goretex, pantalones cortos y camiseta de algodón. En la mochila, dos litros de agua, cuatro pequeños bocadillos y pantalón y cazadora de gore-tex, porque no sabemos lo que vamos a encontrar allí arriba. Iniciamos la incursión al Glaciar Briksdalen. Dejamos el coche en el camping, y tan sólo a 400 metros de la partida, la primera tentación. En el punto de venta de souvenirs, hay la posibilidad de montar en unos cochecitos que te suben casi hasta la cima del glaciar. Es una verdadera tentación, ante la visión del glaciar y el sabe que es casi una hora andando y algo menos para bajar. Pero entre que vale 180 kr por persona, y que joder, no hemos andado nada de nada en todo el viaje, nos hatamos un poco más las botas y nos ponemos en marcha. Otro buen consejo: fumar justo antes de subir al monte, no es una buena idea. Al poco de continuar andando, nos alegramos de no haber cogido los cochecitos, porque vemos que los que lo toman son casi todos los finos que vienen repeinados del bus turístico, y porque también van andando señoras que superan los 70 (años) y hombres que superan los 150 (kilos). Según subimos, una curiosidad. Turistas y más turistas, y sólo españoles y más españoles. El único idioma que se escucha, quizás un par de noruegos y un italiano despistado. No se si coincidimos con la ronda de excursiones hispanas o que en Briksdalen está el Benidorm nórdico. Resulta sorprendente que creo que me crucé con una compañera de la Universidad. Tiene narices. Una cosita sobre la ropa. No sabía bien si escogeríamos bien la ropa. Además, el pantalón y chaqueta de Gore-tex que incluí en el equipaje no hicieron finalmente falta. Pero me sentí muy bien al ver la cantidad de personajes que nos cruzamos. Desde el grupo de japoneses con pamela, a las parejas, en plurar, en viaje de novios, que no se les ocurrió meter en un viaje a Noruega una camiseta, y llevan puesta la camisita de cuadros con pantalones de pinzas. Pero volvamos al paisaje. Si estás dispuesto a llegar a la cima, debes también estar dispuesto a mojarte un poco, porque a medio camino hay una gran caída de agua que moja un poco si no quieres y empapa si te apetece. Generalmente es lo segundo, porque en un día caliente como este, y después de media hora de caminata, esta duchita natural sabe a gloria.
Ya hemos llegado. No diré lo que ya aburre. Bueno sí, lo digo. Una imagen impresionante. Nos encontramos un lago donde va a parar todo el hielo que se derrite del glaciar. El color del agua, como el de casi todo el agua que nos encontramos por el camino, tenía un tono turquesa muy especial, y que seguimos preguntandonos de dónde vendrá. Quizá de las rocas del fondo. Bueno, a pesar de que el sol pega, se puede entender que el hielo no se derrita rápidamente porque justo aquí el viento sopla de lo lindo. Mirad la foto y ved que mi cara no es de pose. En algunas épocas del año, es posible dar un paseo en una zodiac, que te acerca hasta el hielo del glaciar.
Pero a pesar de no haber zodiacs, yo no quería haber recorrido tanto para no tocar el hielo. Había dos cuerdas que "impedían" el paso, y un cartelito que ponía Stop, danger, pero yo hablo inglés cuando me apetece. Miré a lo lejos y ví que había dos personas junto al hielo, y di por hecho que tan difícil no debía ser. Así que me animé. Dejé a mi novia atrás, pues ella ya había tenido bastante y empecé a saltar piedras como las cabras. No es fácil, lo advierto. Tardé más de media hora en ir y volver, simplemente unos 300 metros. Pero llegué. Toqué el hielo y me llevé una piedra de recuerdo. Pensé en coger una bola de hielo, per me pareció un suvenir demasiado efímero. Me planteé el acercarme más o el andar sobre el hielo, pero en cuanto vi que caían unas cuantas piezas de hielo de la cima, entendí que no era una idea muy inteligente. Y nada más, foto hecha por mí mismo a brazo estirao y de vuelta. Al cruzar la valla, unos cuantos me vieron y les debí animar, porque al cabo de un rato, volví a mirar al glaciar y había por lo menos veinte personas sobre el hielo. Y para abajo. Se agradece.
Merece la pena el haber dormido en el camping, porque nos permite darnos una ducha después del paseo, y ante la tanda de kilómetros que nos esperan, se agradece.

Y de vuelta a la carretera. Son entre las tres y las cuatro de la tarde y podemos ganar unos kilómetros a la siguiente jornada.

Damos marcha atrás en la carretera que une Briksdalsbreen con Olden. En Olden giramos a la izquierda por la carretera 60, sentido Førde. Al llegar a la carretera E39, se gira a la izquierda en sentido Førde / Bergen / Oslo (no recuerdo bien lo que pone). Nos cruzaremos con la carretera numero 5, hacia la izquierda, en sentido Bergen / Oslo. Por aquí paramos a almorzar y pudimos compartir rebanada de pan con una manada de ovejas. Pasamos por un peaje en esta carretera numero 5, en Fjorland. 175 coronas. Este es uno de tantos peajes que no se entienden. Una carretera de mala muerte, sin alternativa posible, por el que tengo que pagar 22 euros. Pero así es Noruega. De todas formas, este es el único peaje que nos encontramos en el camino, si descontamos los 2 ferrys y el peaje de 20 coronas automático que se paga al cruzar Oslo. Llegamos a Sognefjord, el Fiordo de los Sueños. Hay que cruzar en un ferry, y no es la parte más bonita del fiordo, pero también merece la pena. La verdad, después de Geiranger, este sabe a poco.

Una vez cruzado el fiordo, se llega en seguida a la carretera E16, y giraremos a la izquierda en sentido Oslo. Unos kilómetros después habrá dos opciones. Seguir por la E16 o tomar la carretera numero 7 en sentido Hønefoss. Esta es la que tomamos nosotros por distintos motivos. A pesar de ser algo peor la carretera (la E16 a pesar de ser nacional tampoco es una maravilla), tiene menos kilómetros, y a pesar de tener que subir otra vez a los montes, se cruza por Hemsedal, el centro de esquí más importante de Noruega, con unos llanos en la cima del monte de impresión.
Llegamos a Hemsedal pueblo, tras un intento frustrado de buscar un restaurante abierto en la zona de esquí alpino, que lógicamente en julio parece una ciudad fantasma. No así lo que es el pueblo, pues esta es una fantástica zona de pesca, treking y paseos en bici, y hay un turismo veraniego bastante familiar. Llegamos a punto de que cerraran el último restaurante. Bueno, pizzería, no hay mucho restaurante por este país. Y celebré mi particular cumpleaños a base de pizza y la tarta fue el helado de browny acompañado de vengalitas. Muy mono.

Y ya es hora de dormir. Estamos agotados. En esta carretera hay bastantes campings en los que encontrar una cabaña para dormir, pero nosotros queríamos aprovechar la aventura al máximo y el Focus al limite. Y fuimos otra vez afortunados. Tras varios intentos frustrados, llegamos a un claro del bosque, junto al río, de nuevo con vistas a una cascada y con los restos de una hoguera que nos confirmaba que no eramos los únicos locos que habíamos acampado allí. Por cierto, si no estoy mal informado, en Noruega está permitido acampar en prácticamente todas partes. La única pega del lugar fue la increíble cantidad de mosquitos. Nos pusimos ropas que cubrían todo el cuerpo excepto los ojos, pero aún así pudieron atravesar los calcetines y picarnos unas cuantas veces. Echamos una partidita de chinchón en la mesa de camping, un par de tragos de vino del brik de 3 litros y a dormir. Hoy si pude dormir en el Focus.

miércoles, 9 de julio de 2008

Geiranger, 3 días en el paraíso. Día 2

¿Eh? ¿Dónde estoy? Me despierto sin saber si he dormido. Estoy en el maletero de un Ford Focus... Ah, sí, estoy haciendo el viaje por el paraíso. Lo olvidaba. Son casi las diez de la mañana, y eso me agrada, porque la última vez que miré el reloj eran las seis, y hasta ese momento no tengo conciencia de haber dormido en absoluto. No oscurece en ningún momento y cuando por fin parece que entro en estado de trance, mis piernas chocan con alguno de los salientes del vehículo, devolviendo a esta claridad continua. Pero esto son sólo anécdotas para recordad. En el paraíso siempre hubo manzanas podridas.
Tanto si duermes en un coche, en una tienda de campaña o en una cabaña, te recomiendo desayunar en el camping Trollstigen, referido en el anterior post. Aunque no seas residente, te puedes pedir un desayuno bufé por 70 kr. Con todo lo típico en un desayuno noruego: Además de la mermelada, el paté, queso, jamón, caviar en tubo... y más cosas que te puedes meter en la bolsa "destrangis". Lo reconozco, yo lo hice, y tres horas, en pleno monte, lo agradecí que no veas.
Empieza la ruta. Tan sólo a unos pocos kilómetros del camping, llega el primer sock. Estamos en un valle muy profundo y, sin esperarlo, un increíble muro cierra nuestro pasillo. Arañando ese muro, se intuye una raya, que es la conocida como Trollstigen, la escalera del Troll. No se si lo dije antes, Noruega está repleta de trolls. En esta zona, por todas partes. Figuras, esculturas, piedras... Y también reales, que yo los vi. Me hacían cosquillas mientras dormía en mi Focus.
La escalera del Troll no es otra cosa que una carretera increíble de circular a simple vista. Y también en la práctica. Tiene un 15% de desnivel, y eso no hay Indurain que lo resista. Acaban de arreglarla, y el pavimento es bastante bueno y además han puesto quitamiedos de hormigón, lo cual ayuda. Unos amigos estuvieron hace un par de años, y sin quitamiedos se te ponen de corbata durante toda la subida. De hecho, estos quitamiedos no sirvieron para quitar la fobia a las alturas de mi pareja, que subió tiritando, con las manos sudadas y agarrada al Focus con todas sus fuerzas. En serio. Pobrecita. A media subida, lo previsto. Bus con turistas españoles que sube, y bus con turistas franceses que baja, y... maricón el último. Quince minutos esperando hasta que uno recula un poco y podemos pasar todos.
Ya en la cima, el gozo continúa. ¡Me pude revolcar en la nieve en manga corta! A pesar de soplar el viento, tuvimos una increíble suerte con el tiempo, y debíamos rondar los 25 grados. Pero allí la nieve no se va y pude hacer la foto que tenía su sitio destinado en este blog. Además de numerosas tiendas de suvenires, lo que más merece la pena es la catarata que nace en este punto. Espectacular. Productos recomendados: prendas de lana, desde gorros, jerseys, pantuflas, bufandas... Ni se os ocurra comprar el alce disecado o los zorros deshoyados. Y yo me pregunto: ¿Quién coño puede comprar, y además usar, un zorro destripado al que le han sacado los ojos y disecado el hocico? ¡Y se ponen ese hocico reseco al lado del suyo propio, las muy cerdas!
Seguimos por la carretera 63. Subiendo y subiendo, y bajando y bajando. Según el capricho de las montañas y los valles. Difícilmente se alcanza la cuarta marcha. En Valldal hay que coger un Ferry. El precio del coche es 55kr, más 23 kr por persona. Quince minutos de recorrido para disfrutar del primer paseo en barco por un fiordo.

Son las tres de la tarde. Ni una tienda, bar o restaurante a dos mil metros de altura, y.... Otra vez un sitio idílico para almorzar. Al llegar a la cima del siguiente monte. ¡Geiranger a la vista! Allá al fondo, aún muy lejos, pero una foto fantástica. Además, tuvimos suerte, porque estaba atracado un crucero que venia de Italia que hacía un marco inmejorable. Al echar esta foto entendí algunas cosas. Cuando había vistos fotos de Geiranger, siempre había pensado que la gente había andado durante horas por la montaña para llegar a un buen sitio desde el que sacar la foto desde lo alto, pero no es así. Los noruegos son muy listos, y a pesar de ser carreteras muy malas, llegan a todas partes. Todas las fotos de los catálogos están tiradas desde sitios a los que se llega en coche. Así que no se preocupen los vagos. Si no se quiere, no hace falta andar y no meter en la maleta las botas de treking. (Ojo, esto no cuenta en el glaciar Briksdalen, allí más vale calzarse bien). Y repetimos la experiencia: Rebanada de pan, levepostei y a disfrutar de las vistas.

Después de dormir la siesta tumbados al sol (aquí me saqué yo el colorcito tan majo que se me ha "quedao"), empezamos la bajada a Geiranger. A medio camino, hay un mirador en el que resulta bastante complicado aparcar, y hay que tener cuidado. Y si hace un día tan bueno como el nuestro te puedes pegar una ducha en un cascada que te dejará refresco.

Y fotos, y más fotos. Cuando todas son tan bonitas, ¿cómo elegir? Siempre serán más bonitas cuando no aparezca yo en ella. Las vistas desde el mirador son las mejores de Geiranger.

Una vez en Geiranger, es impepinable no hacer un paseo en barco. El paseo dura hora y media y cuesta 130kr por persona. Ojo, porque el último servicio es las 17.00h. Noruega cierra pronto. Aunque a mí me impresionó más la vista del Trollstigen, el tour por el fiordo no decepciona en absoluto. Montes y muros, cascadas y caídas de agua... y lo que resulta más increíble. Alguna granja en pleno monte. La megafonía cuenta una divertida historia, de una granja en la que antiguamente tenían que atar a los niños para que no calleran al vacío y que recibieron la visita de toda la familia real hace unos años. La mejor anécdota, la del cobrador de impuestos que pretendió acceder a la vivienda, pero le cortaron la soga que servía de único acceso. Las mejores cascadas: Las siete hermanas (siete pequeñas cataratas) y la botella (con una imagen idéntica al vodka Absolut).




Y dejamos Geiranger. Con algo de nostalgia. Llevo hablando y oyendo sobre Geiranger los 3 años que llevo en Noruega, y una vez que se llega a un sitio del que se ha oído tanto, resulta difícil abandonarlo. Pero visto está, así que siguiente etapa. Pues la belleza continúa. En tan sólo 20 minutos, desde Geiranger, que está a nivel del mar, subimos a 2000 metros de altura. Con nieve hasta las orejas y, la verdad, frío. A pesar de ello, no hizo falta ponerse el jersey, y la foto en camiseta mola.

Pero más... y más... y más... Otros 500 metros, y lo más alucinante. Un enorme lago helado en pleno julio. Una maravilla de la Naturaleza. La Unesco declaró el fiordo de Geiranger patrimonio de la Humanidad, pero se debieron despistar y no vieron este lago.

Seguimos por la carretera 63, y al llegar al cruce con la carretera 15, giramos a la derecha en sentido Stryn / Maloy. Al llegar a Stryn, hay que tomar la carretera 60 en sentido Loen / Forde. Nuestro destino es Olden, sede de una de las fábricas de agua mineral más importante de Noruega. Aquí tomaremos fuerza para subir al glaciar el próximo día. En Olden hay que tomar una carretera que lleva a Briksdalsbreen.

Se puede dormir en una cabaña en los múltiples campings del camino, pero yo recomiendo en el que estuvimos nosotros, que es el más cercano al glaciar y permite tener el coche aparcado ahí mientras subes al glaciar. Sino, tienes que pagar aparcamiento. El camping se llama Melkevoll Bretun.