miércoles, 9 de julio de 2008

Geiranger, 3 días en el paraíso. Día 2

¿Eh? ¿Dónde estoy? Me despierto sin saber si he dormido. Estoy en el maletero de un Ford Focus... Ah, sí, estoy haciendo el viaje por el paraíso. Lo olvidaba. Son casi las diez de la mañana, y eso me agrada, porque la última vez que miré el reloj eran las seis, y hasta ese momento no tengo conciencia de haber dormido en absoluto. No oscurece en ningún momento y cuando por fin parece que entro en estado de trance, mis piernas chocan con alguno de los salientes del vehículo, devolviendo a esta claridad continua. Pero esto son sólo anécdotas para recordad. En el paraíso siempre hubo manzanas podridas.
Tanto si duermes en un coche, en una tienda de campaña o en una cabaña, te recomiendo desayunar en el camping Trollstigen, referido en el anterior post. Aunque no seas residente, te puedes pedir un desayuno bufé por 70 kr. Con todo lo típico en un desayuno noruego: Además de la mermelada, el paté, queso, jamón, caviar en tubo... y más cosas que te puedes meter en la bolsa "destrangis". Lo reconozco, yo lo hice, y tres horas, en pleno monte, lo agradecí que no veas.
Empieza la ruta. Tan sólo a unos pocos kilómetros del camping, llega el primer sock. Estamos en un valle muy profundo y, sin esperarlo, un increíble muro cierra nuestro pasillo. Arañando ese muro, se intuye una raya, que es la conocida como Trollstigen, la escalera del Troll. No se si lo dije antes, Noruega está repleta de trolls. En esta zona, por todas partes. Figuras, esculturas, piedras... Y también reales, que yo los vi. Me hacían cosquillas mientras dormía en mi Focus.
La escalera del Troll no es otra cosa que una carretera increíble de circular a simple vista. Y también en la práctica. Tiene un 15% de desnivel, y eso no hay Indurain que lo resista. Acaban de arreglarla, y el pavimento es bastante bueno y además han puesto quitamiedos de hormigón, lo cual ayuda. Unos amigos estuvieron hace un par de años, y sin quitamiedos se te ponen de corbata durante toda la subida. De hecho, estos quitamiedos no sirvieron para quitar la fobia a las alturas de mi pareja, que subió tiritando, con las manos sudadas y agarrada al Focus con todas sus fuerzas. En serio. Pobrecita. A media subida, lo previsto. Bus con turistas españoles que sube, y bus con turistas franceses que baja, y... maricón el último. Quince minutos esperando hasta que uno recula un poco y podemos pasar todos.
Ya en la cima, el gozo continúa. ¡Me pude revolcar en la nieve en manga corta! A pesar de soplar el viento, tuvimos una increíble suerte con el tiempo, y debíamos rondar los 25 grados. Pero allí la nieve no se va y pude hacer la foto que tenía su sitio destinado en este blog. Además de numerosas tiendas de suvenires, lo que más merece la pena es la catarata que nace en este punto. Espectacular. Productos recomendados: prendas de lana, desde gorros, jerseys, pantuflas, bufandas... Ni se os ocurra comprar el alce disecado o los zorros deshoyados. Y yo me pregunto: ¿Quién coño puede comprar, y además usar, un zorro destripado al que le han sacado los ojos y disecado el hocico? ¡Y se ponen ese hocico reseco al lado del suyo propio, las muy cerdas!
Seguimos por la carretera 63. Subiendo y subiendo, y bajando y bajando. Según el capricho de las montañas y los valles. Difícilmente se alcanza la cuarta marcha. En Valldal hay que coger un Ferry. El precio del coche es 55kr, más 23 kr por persona. Quince minutos de recorrido para disfrutar del primer paseo en barco por un fiordo.

Son las tres de la tarde. Ni una tienda, bar o restaurante a dos mil metros de altura, y.... Otra vez un sitio idílico para almorzar. Al llegar a la cima del siguiente monte. ¡Geiranger a la vista! Allá al fondo, aún muy lejos, pero una foto fantástica. Además, tuvimos suerte, porque estaba atracado un crucero que venia de Italia que hacía un marco inmejorable. Al echar esta foto entendí algunas cosas. Cuando había vistos fotos de Geiranger, siempre había pensado que la gente había andado durante horas por la montaña para llegar a un buen sitio desde el que sacar la foto desde lo alto, pero no es así. Los noruegos son muy listos, y a pesar de ser carreteras muy malas, llegan a todas partes. Todas las fotos de los catálogos están tiradas desde sitios a los que se llega en coche. Así que no se preocupen los vagos. Si no se quiere, no hace falta andar y no meter en la maleta las botas de treking. (Ojo, esto no cuenta en el glaciar Briksdalen, allí más vale calzarse bien). Y repetimos la experiencia: Rebanada de pan, levepostei y a disfrutar de las vistas.

Después de dormir la siesta tumbados al sol (aquí me saqué yo el colorcito tan majo que se me ha "quedao"), empezamos la bajada a Geiranger. A medio camino, hay un mirador en el que resulta bastante complicado aparcar, y hay que tener cuidado. Y si hace un día tan bueno como el nuestro te puedes pegar una ducha en un cascada que te dejará refresco.

Y fotos, y más fotos. Cuando todas son tan bonitas, ¿cómo elegir? Siempre serán más bonitas cuando no aparezca yo en ella. Las vistas desde el mirador son las mejores de Geiranger.

Una vez en Geiranger, es impepinable no hacer un paseo en barco. El paseo dura hora y media y cuesta 130kr por persona. Ojo, porque el último servicio es las 17.00h. Noruega cierra pronto. Aunque a mí me impresionó más la vista del Trollstigen, el tour por el fiordo no decepciona en absoluto. Montes y muros, cascadas y caídas de agua... y lo que resulta más increíble. Alguna granja en pleno monte. La megafonía cuenta una divertida historia, de una granja en la que antiguamente tenían que atar a los niños para que no calleran al vacío y que recibieron la visita de toda la familia real hace unos años. La mejor anécdota, la del cobrador de impuestos que pretendió acceder a la vivienda, pero le cortaron la soga que servía de único acceso. Las mejores cascadas: Las siete hermanas (siete pequeñas cataratas) y la botella (con una imagen idéntica al vodka Absolut).




Y dejamos Geiranger. Con algo de nostalgia. Llevo hablando y oyendo sobre Geiranger los 3 años que llevo en Noruega, y una vez que se llega a un sitio del que se ha oído tanto, resulta difícil abandonarlo. Pero visto está, así que siguiente etapa. Pues la belleza continúa. En tan sólo 20 minutos, desde Geiranger, que está a nivel del mar, subimos a 2000 metros de altura. Con nieve hasta las orejas y, la verdad, frío. A pesar de ello, no hizo falta ponerse el jersey, y la foto en camiseta mola.

Pero más... y más... y más... Otros 500 metros, y lo más alucinante. Un enorme lago helado en pleno julio. Una maravilla de la Naturaleza. La Unesco declaró el fiordo de Geiranger patrimonio de la Humanidad, pero se debieron despistar y no vieron este lago.

Seguimos por la carretera 63, y al llegar al cruce con la carretera 15, giramos a la derecha en sentido Stryn / Maloy. Al llegar a Stryn, hay que tomar la carretera 60 en sentido Loen / Forde. Nuestro destino es Olden, sede de una de las fábricas de agua mineral más importante de Noruega. Aquí tomaremos fuerza para subir al glaciar el próximo día. En Olden hay que tomar una carretera que lleva a Briksdalsbreen.

Se puede dormir en una cabaña en los múltiples campings del camino, pero yo recomiendo en el que estuvimos nosotros, que es el más cercano al glaciar y permite tener el coche aparcado ahí mientras subes al glaciar. Sino, tienes que pagar aparcamiento. El camping se llama Melkevoll Bretun.

1 comentario:

  1. a mi me sorprendió lo pequeño que era el pueblo de geiranger en sí. al igual que el pueblo que está al otro lado del fiordo, hellesylt. cuando uno mira en el mapa se piensa que es un pueblo pequeño, pero que tiene algo... y no. no tiene nada, excepto turismo.
    para lo pequeñito que es fiordo, coincido contigo en que es muy bonito (cascadas con formas y/o nombres, muros impresionantes...).
    yo recomiendo comer un helado en un puesto de heladería pequeñito qeu hay muy cerca del embarcadero (más o menos, según se baja uno del barco en geiranger, hacia la izquierda, tiene enfrente a unos metros unas sillas y mesas ancladas al suelo).

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