Mi podcast: ¿Y por qué no aquí?

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lunes, 18 de mayo de 2009

Orgasmo de patriotismo

La verdad es que la celebración del día nacional de Noruega es lo más antierótico que se pueda imaginar, pero me hacía falta un titular que enganche, y además más de uno llegó al éxtasis cuando el violinista ganó eurovisión recién entrado el 17 de mayo.
La fiesta nacional comenzó con el deporte nacional, la religión nacional: Eurovisión, que en Noruega se llama Melody Grand Prix. Aún no he conseguido el por qué de este renombre. Como prueba de la importancia de este evento, puedo contar que en la pasada cena de Navidad con los compañeros de trabajo, a la jefa se le ocurrió amenizar la velada con un concurso de preguntas sobre los últimos 50 años de Eurovisión (fiestón). Lo espeluznante no fue esta ocurrencia, sino que todos respondieron correctamente casi todas las preguntas.
Lo cierto es que las dos últimas ediciones de Eurovisión han tenido su atractivo viviéndolo en Noruega. La fiesta del Chiki-chiki fue inigualable, pero la que ha provocado Alexander Rybak le está a la zaga, a su estilo. La verdad es que la canción mola. Aún no he conocido a nadie que no le guste ¿y a tí? En Noruega alguno llevó la celebración al máximo y se paseó por el centro de Oslo cantando el "im in love, with a fairytale" tal y como Dios le trajo al mundo.
La preocupación ya ha llegado a Noruega, pues tras la alegría de la próxima celebración del evento en Noruega, llega la preocupación de que la final de la Champion en 2010, que será en el madrileño Bernabeu, será el mismo día, el 22 de mayo. (Ver noticia en noruego)
Alexander Rybak, "Fairytale"

Eurovision 2009, Noruega
Y llegó la gran fiesta, el 17 de mayo, día de la constitución, fiesta nacional. Fiesta, fiesta... celebración digamos. Como ejemplo, me ha marcado lo que ví hace unos días en VG, el mayor periódico de Noruega. A dos páginas, todo color y grandes fotos: "VG te ayuda a disfrutar al máximo del 17 de mayo, elige el mejor helado". Y es que uno de los puntos álgidos de esta fiesta es que los niños, y los no tan niños, pueden comer todos los helados que quieran. ¡Fiestón!
Este año, yo lo he celebrado en el pueblo donde vivo, Solbergelva, y por eso las fotos que adjunto no tienen demasiado ambiente. Oslo se pone a rebosar de gente. Pero esta celebración tiene su encanto. Desfile, musiquita de orquesta tocando el Fairytale, todos trajeados y juegos para los niños. Luego, barbacoa con la familia. Está bien, la verdad, pero se echa de menos algo más de música y baile que recuerde un poco más que estamos de fiesta. Pero de donde no hay no se puede sacar. Es lo que les falta a los noruegos, un buen baile. De todas formas, yo este año lo he disfrutado. Un tiempo magnífico y mi hijo lo ha pasado genial. No me hace falta más. En un mes estaré en Madrid. Allí no creo que escuche a Alexander Rybak.
Fotos del desfile del 17 de mayo de 2009

Solbergelva (Noruega)

lunes, 27 de abril de 2009

Mi ciudad, Drammen: ¿La mejor ciudad del Mundo?




Todas las fotos son de Drammen. Autor: David Fergar
¿Quién me lo iba a decir? Vivo en Drammen desde hace casi 4 años. Drammen es una ciudad pequeña a 40 km. de Oslo. Una ciudad dormitorio que hasta hace bien poco tenía mala fama en Noruega. Sería como decir el Móstoles de Noruega. Con sus empanadillas y todo. Hace poco más de un año, me encontraba yo totalmente deprimido porque me había venido de Valladolid (sin duda no la más popular de las ciudades españolas), a Drammen, un pequeño agujero perdido en el Polo Norte. Y mira tú por dónde. Cuán equivocado yo estaba. Ahora resulta que vivo en LA MEJOR CIUDAD DEL MUNDO, con mayúsculas. ¿Cómo puedo llegar a esta conclusión? De todos es sabido que Noruega, y en general Escandinavia, siempre encabeza las listas de países en calidad de vida. Aquí está la lista de The Economist, que incluye criterios más económicos (esta lista es de 2005 y Noruega está en tercer lugar), y la lista de las Naciones Unidas sobre desarrollo human0 en 2006, donde se incluyen criterios basados más en sanidad y seguridad. Aquí Noruega tiene el orgullo de encabezar el listado. Y hace poco salió la lista de las regiones noruegas con mayores oportunidades de prosperar económicamente y atractivas para vivir. Drammen está a la cabeza. Así que, usando la lógica que aprendí en COU. Si Noruega es el país número 1 del mundo, y Drammen la ciudad número 1 de Noruega, Drammen es la mejor ciudad del mundo. Con un par.

A mi me gustaría saber qué se han bebido los que crean este tipo de listados. O mejor dicho. Qué no se han bebido, porque está claro que a estos no les gusta irse de vinos, porque si no el listado sería bien diferente, y de seguro Drammen no iría a la cabeza. Siempre me he preguntado qué se entiende por vivir bien, calidad de vida. Yo ahora vivo en Noruega, pero tampoco siento que mi vida sea mucho mejor que la que tenía en España. Bueno, quizás ahora, con 4 millones de parados, sí que me sienta seguro en esta isla de la prosperidad. Trabajo parece no faltar, de momento. Y tener hijos en Noruega sí que es mejor que en el resto del mundo. Pero en cuanto al resto de servicios sanitarios, seguridad ciudadana e infraestructuras, no veo yo dónde está esta superpotencia. Y qué carajo, estas estadísticas siempre se dejan fuera la vida social, que también es calidad de vida. Y si no, ¿por qué Escandinavia tiene uno de los niveles de suicidios más altos, y los niños cubanos siempre salen riendo en las fotos?

Siendo un poco más objetivo, y para sacar las luces y las sombras, sigo sin pensar que Drammen sea una ciudad de ensueño, pero es cierto que ha mejorado mucho últimamente. Tenemos la piscina más grande de toda noruega, que es un auténtico parque acuático, y un centro cultural, Union Scene, con una programación fantástica. Aquí voy yo a cursos de tambores africanos y tango, y aquí he visto a Juan Luis Guerra y próximamente a Estrella Morente. Supermercados, centros comerciales, cine, teatro... no faltan. Son pequeños, pero más que de sobra para la población. La pega, es que aburre encontrarse siempre las mismas caras.

En estos días, el Ayuntamiento de Drammen ha lanzado una campaña en todas las televisiones de Noruega, para relanzar el nombre y la imagen de la ciudad. El centro de la campaña es la nueva web, http://www.drammen.no/. Es muy completa, también con versión en inglés. Aunque demasiado completa, diría yo, puesto que en listado de restaurantes de la ciudad incluyen a McDonalds, que se le pueden poner muchos adjetivos, pero nunca restaurante. A continuación incluyo el vídeo de la campaña. Drammen se presenta como Elvebyen, la ciudad del río, porque éste es la columna de la ciudad.



Drammen, Elvebyen

En resumen, Drammen no está tan mal, y cada vez mejor. Pero sigo siendo urbanita. No cambio esa ciudad invivible, pero insustituible: Madrid.




Vis større kart

domingo, 21 de septiembre de 2008

Primer artículo publicado en Soitu.es-Munch

Este texto corresponde al primer artículo publicado en la web Soitu.es, dentro de la sección vida urbana, en Oslo.
Enlace
Texto: "El Museo Munch: cómo pasar de ser una guardería a un búnker"
OSLO (NORUEGA).- Eso es el museo Munch. Una sala de exposiciones donde grandes y pequeños podían entrar y salir, así como Pedro pasea por su casa, que ha sido reconvertido en el fortín del arte de Eduard Munch, el pintor noruego más reconocido internacionalmente, tras el robo de dos de las joyas más emblemáticas, El Grito y La Madonna.
tuei (flickr)

Nuevas medidas de seguridad

Las dos pinturas más populares del autor fueron robadas en agosto de 2004 y recuperadas dos años después. Tras un delicado proceso de restauración, que no ha logrado reparar del todo los daños producidos en los lienzos, se exhiben de nuevo al público. Pero quien quiera ver la obra en el museo Munch debe darse prisa, porque el 26 de septiembre cierra sus puertas para mudarse a una nueva y moderna ubicación, junto a la nueva Ópera de Oslo, orgullo de la ciudad. La nueva sede no abrirá hasta el mes de diciembre. Sin embargo, el museo presentará una exposición en su actual ubicación a partir del 10 de octubre con las obras del joven Munch, hasta 1892, un año antes de la creación de su obra maestra.

Pero lo que mucha gente aún no sabe, es que de El Grito no hay sólo una copia. Hay hasta cuatro originales. Uno lo posee un coleccionista privado, otro es el recuperado del museo Munch, un tercero que pertenece a la misma sala y un cuarto en la Galería Nacional. Y lo que más interesará al turista extranjero es que este museo es gratuito y localizado en el mismo centro de Oslo. Hay muchas personas a la que los museos no les atraen especialmente, pero sienten la necesidad de observar iconos como La Gioconda, El Guernica o El Grito. Y esta gente viene a Oslo a ver la ciudad y El Grito. Cogen el metro para recorrer los dos kilómetros que separan el museo de la calle Karl Johan (la más importante y corazón de la capital escandinava) y pagan las 75 coronas (casi 10 euros) de la entrada del Museo Munch. Sin saber que en pleno centro, en el Museo Nacional, se habrían ahorrado ese dinero y satisfecha su sed artística. No sólo eso. La pieza expuesta en esta sala se ha llevado el honor de ser considerada la más antigua de las cuatro creadas, es decir, el auténtico original. Ambos museos tenían una disputa en este sentido, hasta que los trabajos de restauración de la última obra robada sacaron a la luz que esta no era tan vieja como se creía. La obra de la Galería Nacional es del año 1893 y la del museo Munch ha sido finalmente datada en 1910. No obstante, una visita completa a ambos museos merece realmente la pena. Uno se hace más amante de la pintura ante obras del calibre del que ofrecen estas dos galerías.

"Gracias por la falta de seguridad"

El Grito es «ese oscuro objeto de deseo» que se ha convertido en la atracción y el reto del hampa noruega. Ya ha sido en dos ocasiones objeto de robo y posterior recuperación por la policía. Pero no la misma pieza. En 1994 fue hurtada la obra colgada de la Galería Nacional. Los ladrones dejaron una nota tras de sí que ponía «gracias por la falta de seguridad». Pero ya no lo tendrán tan fácil. Si la última vez los ladrones entraron tranquilamente al museo Munch a punta de pistola y salieron con los dos óleos bajo el brazo, ahora necesitarán algo más de pericia. El museo se ha reforzado con fuertes medidas antirrobo. Todos deben pasar por detector de metales y dejar sus bolsos y mochilas en taquillas, y al igual que la Gioconda en París, ahora las obras se esconden tras una vitrina de varios milímetros de grosor. Más que una vitrina, un sarcófago. Y no sé si fue impresión mía, pero creo que los vigilantes de seguridad parecen mucho más cabreados. Este caso puso en evidencia a la seguridad noruega y no quieren que se vuelvan a reír de ellos. Un robo en 1994, otro en 2004… ¿Deberán estar atentos el 2014?

lunes, 15 de septiembre de 2008

Vida y muerte en Geilo

El título quizá cree más expectativas de las que voy a ofrecer, pero me gusta enganchar al lector con un buen titular. Tengo ese puntito sensacionalista. Otras opciones eran "Cosas que hacer en un lugar muerto", versión propio de la película "Cosas que hacer en Denver cuando estás muerto". Pero al grano. Este fin de semana he estado en un seminario de profesores en Geilo (pronunciado Yailo), un popular centro de esquí en las montañas del centro de Noruega. Y no, aunque en noruega haga frío, en septiembre aún no hay nieve. Al menos no en Geilo. ¿Y qué es una estación de esquí sin nieve? ¿No es la más clara definición de un lugar muerto? No para un noruego. Después de tres años en Noruega sigo siendo un urbanita y no le saco todo el provecho que tiene a esta maravillosa naturaleza. Confesar que he estado tres días en la montaña, y no he salido del hotel. Seminario, bar y bolera. Bueno, media horita de paseo sí dí. No es para estar orgulloso, pero lo de levantarme a las siete para subir a la montaña no va conmigo. Geilo tiene muchas opciones para los que les gusten estas cosas: Paseos por el monte, con telesilla para subir a la cima, pesca, caza, paseos a caballo... ¿Llegará el día en que le encuentre la gracia a estar dos horas con la caña tirada en el agua y sin ni siquiera poder tomar una cerveza? (Porque aquí ya con eso, si coges el coche, por lo menos te la cortan) Todo este post vino al hilo de una conversación con una sueca muy "divertida". La erudita de ella habla sueco, noruego, latín, francés e italiano. Y vaya, le fallaba el español. Me tocó a su lado en la mesa y dio por hecho que mi nivel de italiano es casi el de un romano. Y dando la brasa en la cena toda la noche. Y yo asintiendo. Cuando creía haber entendido algo, respondía en español y me daba cuenta que ella tampoco me entendía un carajo. Así que digo: no tengo ganas, pero me voy a fumar un cigarro. ¿Y qué pasó? Que preguntó si me podía acompañar. Jodó. Salimos a la terraza, que por cierto tenía unas vistas al anochecer fabulosas. Y dice: "¿No es esto la vida? ¿No es maravilloso? Yo no necesito nada más." Y yo pienso: "Pues no. ¿Acaso no es esto la muerte? No se define la muerte como el sitio en que no se encuentra un restaurante, un cine o un buen bar de tapas?". Noruega es precioso, sí. Pero hasta los fiordos cansan. Estos nórdicos son así. ¿Quién quiere tener un vaso de un buen Ribera cuando puede disfrutar de un paseo por el campo? Pues yo.
A pesar de estas críticas (siempre exageradas para dar más colorcillo al blog, claro) ha sido un fin de semana fantástico. Después de tomarme tres paracetamoles para sobrellevar las charlas sufridas en noruego con acento finés, sueco con acento sueco e intentos de español con varios acentos nórdicos, da tiempo para pasarlo bien con los compañeros. Nada mejor que un buen seminario. Ganar al jefe a los bolos con una jarra de cerveza que él ha pagado se agradece. Y los músicos de hotel no son tan malos como aparentan cuando se está en buena compañía. Yo creo que mi relación amor-odio con Noruega durará toda la vida. ¿Pero acaso no son todas las relaciones así?

domingo, 17 de agosto de 2008

Fin de semana 100% norsk (noruego)

Es mi último fin de semana de vacaciones, y después de unos últimos tediosos quince días, he tenido un fin de semana movidito. Pero movidito al estilo noruego, no vayan a entender mal. Cierto es que el viernes me tomé unas cañas con un amigo por la noche, pero el fin de semana siempre ha empezado en sábado, ¿verdad? Pues ese es el que cuenta y del que voy a hablar. He tenido dos días de auténtico "norwegian enterteiment", y la verdad, a un chico de ciudad como yo, que siempre había visto el campo en las películas y los animales en una jaula, he de decir que me ha gustado bastante.
El sábado estuvimos en Bjørneparken, El parque del oso, en la localidad de Flå, en el interior de Noruega, a dos horas de Oslo. No deja de ser un zoo paracido al vallisoletano de Matapozuelos, ahora apodado Walwoo, que suena más "cool", pero claro, allí no se ven alces. Lo primero que sorprende (al que no lleva en Noruega mucho tiempo) es el precio de la entrada, porque se pagan 100 kr por persona (12 euros) y tampoco hay tantos animales que lo valgan. Pero dejemos el eterno tema del dinero y disfrutemos del paseo. Sí que hay verjas, sí, no andan sueltos, pero los bichos tienen mucho espacio, y se puede dar de comer a osos y lo más llamativo para los españoles los alces, símbolo y orgullo de Noruega. Si se va acompañado de críos, y yo iba con mi hijo de tres años y una amiga de cinco, se disfruta bastante. Merece además la pena visitar una tremenda cabaña hecha en madera al estilo Samish.
Hoy domingo he tenido el típici "fisketur", excursión de pesca. Mi sobrino, de 24 años y auténtico vikingo curtido en mil batallas campestres, me ha llevado a uno de los mil fiordos de Noruega, en Sylling, hemos montado la canoa y a la aventura. Había unas olas bastante intimidantes para una canóa de fácil vuelvo, pero como íbamos calzados con nuestro gore-tex, dijimos adelante y al toro. Bueno, no dijimos eso, que aquí el "bullfighting" está muy mal visto. Atracamos en un islote en medio del río y sacamos las cañas... de pescar. No hubo suerte. Ni trucha ni salmón. Otra vez será. Encendimos la hoguera y con rudimentarios utensilios comimos los típicos "polses" (salchicas), beicon (¿se escribe bacon?) y huevos revueltos. Y de vuelta para casa.
Esta historia contada así será de lo más simple y monótona para los amantes del campo, pero para mí ha sido una pequeña aventura. Habrá más. Noruega tiene muchas posibilidades ahí entre los árboles y los lagos.

jueves, 10 de julio de 2008

Geiranger, 3 días en el paraíso. Día 4

¿Pero cómo? ¿Día 4? ¿No habíamos quedado en que eran tres días en el paraíso? Exactamente, 3 días en el paraíso y uno en el infierno. Porque este cuarto día sólo consiste en conducir y llegar a casa, pues llevamos 1000 kilómetros sobre las ruedas y el cuerpo no da pa más.
Seguimos por la carretera 7 en sentido Hønefoss / Oslo. Al llegar a Hønefoss, se toma la carretera 35 hacia la derecha, sentido Hokksund (recordemos que este viaje es de vuelta a Solbergelva / Drammen, no Oslo, y está especialmente pensado para los amigos que vengan a visitarme). En Hokksund, ya se ve la señal de Drammen. Unos pocos minutos más de sufrimiento, y ya estamos en casa.
Hogar, dulce hogar. Quién lo diría. Ya no hubo fuerzas para tirar una sola foto. No hubo fuerzas para avanzar un kilómetro más. Y yo ya no tengo fuerza para escribir ni una línea extra. Ahí queda eso. BUEN VIAJE

Geiranger, 3 días en el paraíso. Día 3

¡3 de julio! Tercer día de viaje de los tres días en el paraíso. Tres, tres, tres... qué gran número. ¿Que por qué? Pues porque es mi cumpleaños! Se que a quien léa este blog por puro interés turístico le importará un carajo el día que cumplí 30 años, pero este es mi blog y escribo lo que me apetece, qué carajo.

Después de la experiencia automovilística, decidí (porque por mi novia ella hubiera repetido, no mide 1,91) dormir en una cabaña de un camping. En esa de la foto. Y también se verá la belleza. Un río enfrente, una cascada detrás, y cesped en el tejado. Esto del cesped es muy típico de este país. Aún no he descubierto la razón auténtica, pero tengo mis propias ideas. Por un lado puede ser porque aísla del frío y el agua, y por otra para no dañar el paisaje, porque si ves un camping desde el aire, las cabañas se camuflan a la perfección. A pesar de matar muchas ballenas y ser los terceros productores de petroleo del planeta, los noruegos respetan bastante el medioambiente.

Antes de comenzar a relatar la jornada, olvidé decir mis regalitos de cumple. ¡Nada menos que la Wii! Sí, la Nintendo, que en medio de la montaña, en una cabaña sin tele, vale de poco, pero es una caja muy bonita, oiga. La Güí estuve todo el viaje camuflada en los piés del asiento trasero. A esto habría que añadir un par de souvenirs de Geiranger, como es un colgante con la letra china de mi horóscopo chino (el caballo, por nacer en 1978) y una cartera de piel muy de caballero. Y después de esta pausa publicitaria, pasemos a lo interesante.

Nos calzamos las botas de Goretex, pantalones cortos y camiseta de algodón. En la mochila, dos litros de agua, cuatro pequeños bocadillos y pantalón y cazadora de gore-tex, porque no sabemos lo que vamos a encontrar allí arriba. Iniciamos la incursión al Glaciar Briksdalen. Dejamos el coche en el camping, y tan sólo a 400 metros de la partida, la primera tentación. En el punto de venta de souvenirs, hay la posibilidad de montar en unos cochecitos que te suben casi hasta la cima del glaciar. Es una verdadera tentación, ante la visión del glaciar y el sabe que es casi una hora andando y algo menos para bajar. Pero entre que vale 180 kr por persona, y que joder, no hemos andado nada de nada en todo el viaje, nos hatamos un poco más las botas y nos ponemos en marcha. Otro buen consejo: fumar justo antes de subir al monte, no es una buena idea. Al poco de continuar andando, nos alegramos de no haber cogido los cochecitos, porque vemos que los que lo toman son casi todos los finos que vienen repeinados del bus turístico, y porque también van andando señoras que superan los 70 (años) y hombres que superan los 150 (kilos). Según subimos, una curiosidad. Turistas y más turistas, y sólo españoles y más españoles. El único idioma que se escucha, quizás un par de noruegos y un italiano despistado. No se si coincidimos con la ronda de excursiones hispanas o que en Briksdalen está el Benidorm nórdico. Resulta sorprendente que creo que me crucé con una compañera de la Universidad. Tiene narices. Una cosita sobre la ropa. No sabía bien si escogeríamos bien la ropa. Además, el pantalón y chaqueta de Gore-tex que incluí en el equipaje no hicieron finalmente falta. Pero me sentí muy bien al ver la cantidad de personajes que nos cruzamos. Desde el grupo de japoneses con pamela, a las parejas, en plurar, en viaje de novios, que no se les ocurrió meter en un viaje a Noruega una camiseta, y llevan puesta la camisita de cuadros con pantalones de pinzas. Pero volvamos al paisaje. Si estás dispuesto a llegar a la cima, debes también estar dispuesto a mojarte un poco, porque a medio camino hay una gran caída de agua que moja un poco si no quieres y empapa si te apetece. Generalmente es lo segundo, porque en un día caliente como este, y después de media hora de caminata, esta duchita natural sabe a gloria.
Ya hemos llegado. No diré lo que ya aburre. Bueno sí, lo digo. Una imagen impresionante. Nos encontramos un lago donde va a parar todo el hielo que se derrite del glaciar. El color del agua, como el de casi todo el agua que nos encontramos por el camino, tenía un tono turquesa muy especial, y que seguimos preguntandonos de dónde vendrá. Quizá de las rocas del fondo. Bueno, a pesar de que el sol pega, se puede entender que el hielo no se derrita rápidamente porque justo aquí el viento sopla de lo lindo. Mirad la foto y ved que mi cara no es de pose. En algunas épocas del año, es posible dar un paseo en una zodiac, que te acerca hasta el hielo del glaciar.
Pero a pesar de no haber zodiacs, yo no quería haber recorrido tanto para no tocar el hielo. Había dos cuerdas que "impedían" el paso, y un cartelito que ponía Stop, danger, pero yo hablo inglés cuando me apetece. Miré a lo lejos y ví que había dos personas junto al hielo, y di por hecho que tan difícil no debía ser. Así que me animé. Dejé a mi novia atrás, pues ella ya había tenido bastante y empecé a saltar piedras como las cabras. No es fácil, lo advierto. Tardé más de media hora en ir y volver, simplemente unos 300 metros. Pero llegué. Toqué el hielo y me llevé una piedra de recuerdo. Pensé en coger una bola de hielo, per me pareció un suvenir demasiado efímero. Me planteé el acercarme más o el andar sobre el hielo, pero en cuanto vi que caían unas cuantas piezas de hielo de la cima, entendí que no era una idea muy inteligente. Y nada más, foto hecha por mí mismo a brazo estirao y de vuelta. Al cruzar la valla, unos cuantos me vieron y les debí animar, porque al cabo de un rato, volví a mirar al glaciar y había por lo menos veinte personas sobre el hielo. Y para abajo. Se agradece.
Merece la pena el haber dormido en el camping, porque nos permite darnos una ducha después del paseo, y ante la tanda de kilómetros que nos esperan, se agradece.

Y de vuelta a la carretera. Son entre las tres y las cuatro de la tarde y podemos ganar unos kilómetros a la siguiente jornada.

Damos marcha atrás en la carretera que une Briksdalsbreen con Olden. En Olden giramos a la izquierda por la carretera 60, sentido Førde. Al llegar a la carretera E39, se gira a la izquierda en sentido Førde / Bergen / Oslo (no recuerdo bien lo que pone). Nos cruzaremos con la carretera numero 5, hacia la izquierda, en sentido Bergen / Oslo. Por aquí paramos a almorzar y pudimos compartir rebanada de pan con una manada de ovejas. Pasamos por un peaje en esta carretera numero 5, en Fjorland. 175 coronas. Este es uno de tantos peajes que no se entienden. Una carretera de mala muerte, sin alternativa posible, por el que tengo que pagar 22 euros. Pero así es Noruega. De todas formas, este es el único peaje que nos encontramos en el camino, si descontamos los 2 ferrys y el peaje de 20 coronas automático que se paga al cruzar Oslo. Llegamos a Sognefjord, el Fiordo de los Sueños. Hay que cruzar en un ferry, y no es la parte más bonita del fiordo, pero también merece la pena. La verdad, después de Geiranger, este sabe a poco.

Una vez cruzado el fiordo, se llega en seguida a la carretera E16, y giraremos a la izquierda en sentido Oslo. Unos kilómetros después habrá dos opciones. Seguir por la E16 o tomar la carretera numero 7 en sentido Hønefoss. Esta es la que tomamos nosotros por distintos motivos. A pesar de ser algo peor la carretera (la E16 a pesar de ser nacional tampoco es una maravilla), tiene menos kilómetros, y a pesar de tener que subir otra vez a los montes, se cruza por Hemsedal, el centro de esquí más importante de Noruega, con unos llanos en la cima del monte de impresión.
Llegamos a Hemsedal pueblo, tras un intento frustrado de buscar un restaurante abierto en la zona de esquí alpino, que lógicamente en julio parece una ciudad fantasma. No así lo que es el pueblo, pues esta es una fantástica zona de pesca, treking y paseos en bici, y hay un turismo veraniego bastante familiar. Llegamos a punto de que cerraran el último restaurante. Bueno, pizzería, no hay mucho restaurante por este país. Y celebré mi particular cumpleaños a base de pizza y la tarta fue el helado de browny acompañado de vengalitas. Muy mono.

Y ya es hora de dormir. Estamos agotados. En esta carretera hay bastantes campings en los que encontrar una cabaña para dormir, pero nosotros queríamos aprovechar la aventura al máximo y el Focus al limite. Y fuimos otra vez afortunados. Tras varios intentos frustrados, llegamos a un claro del bosque, junto al río, de nuevo con vistas a una cascada y con los restos de una hoguera que nos confirmaba que no eramos los únicos locos que habíamos acampado allí. Por cierto, si no estoy mal informado, en Noruega está permitido acampar en prácticamente todas partes. La única pega del lugar fue la increíble cantidad de mosquitos. Nos pusimos ropas que cubrían todo el cuerpo excepto los ojos, pero aún así pudieron atravesar los calcetines y picarnos unas cuantas veces. Echamos una partidita de chinchón en la mesa de camping, un par de tragos de vino del brik de 3 litros y a dormir. Hoy si pude dormir en el Focus.

miércoles, 9 de julio de 2008

Geiranger, 3 días en el paraíso. Día 2

¿Eh? ¿Dónde estoy? Me despierto sin saber si he dormido. Estoy en el maletero de un Ford Focus... Ah, sí, estoy haciendo el viaje por el paraíso. Lo olvidaba. Son casi las diez de la mañana, y eso me agrada, porque la última vez que miré el reloj eran las seis, y hasta ese momento no tengo conciencia de haber dormido en absoluto. No oscurece en ningún momento y cuando por fin parece que entro en estado de trance, mis piernas chocan con alguno de los salientes del vehículo, devolviendo a esta claridad continua. Pero esto son sólo anécdotas para recordad. En el paraíso siempre hubo manzanas podridas.
Tanto si duermes en un coche, en una tienda de campaña o en una cabaña, te recomiendo desayunar en el camping Trollstigen, referido en el anterior post. Aunque no seas residente, te puedes pedir un desayuno bufé por 70 kr. Con todo lo típico en un desayuno noruego: Además de la mermelada, el paté, queso, jamón, caviar en tubo... y más cosas que te puedes meter en la bolsa "destrangis". Lo reconozco, yo lo hice, y tres horas, en pleno monte, lo agradecí que no veas.
Empieza la ruta. Tan sólo a unos pocos kilómetros del camping, llega el primer sock. Estamos en un valle muy profundo y, sin esperarlo, un increíble muro cierra nuestro pasillo. Arañando ese muro, se intuye una raya, que es la conocida como Trollstigen, la escalera del Troll. No se si lo dije antes, Noruega está repleta de trolls. En esta zona, por todas partes. Figuras, esculturas, piedras... Y también reales, que yo los vi. Me hacían cosquillas mientras dormía en mi Focus.
La escalera del Troll no es otra cosa que una carretera increíble de circular a simple vista. Y también en la práctica. Tiene un 15% de desnivel, y eso no hay Indurain que lo resista. Acaban de arreglarla, y el pavimento es bastante bueno y además han puesto quitamiedos de hormigón, lo cual ayuda. Unos amigos estuvieron hace un par de años, y sin quitamiedos se te ponen de corbata durante toda la subida. De hecho, estos quitamiedos no sirvieron para quitar la fobia a las alturas de mi pareja, que subió tiritando, con las manos sudadas y agarrada al Focus con todas sus fuerzas. En serio. Pobrecita. A media subida, lo previsto. Bus con turistas españoles que sube, y bus con turistas franceses que baja, y... maricón el último. Quince minutos esperando hasta que uno recula un poco y podemos pasar todos.
Ya en la cima, el gozo continúa. ¡Me pude revolcar en la nieve en manga corta! A pesar de soplar el viento, tuvimos una increíble suerte con el tiempo, y debíamos rondar los 25 grados. Pero allí la nieve no se va y pude hacer la foto que tenía su sitio destinado en este blog. Además de numerosas tiendas de suvenires, lo que más merece la pena es la catarata que nace en este punto. Espectacular. Productos recomendados: prendas de lana, desde gorros, jerseys, pantuflas, bufandas... Ni se os ocurra comprar el alce disecado o los zorros deshoyados. Y yo me pregunto: ¿Quién coño puede comprar, y además usar, un zorro destripado al que le han sacado los ojos y disecado el hocico? ¡Y se ponen ese hocico reseco al lado del suyo propio, las muy cerdas!
Seguimos por la carretera 63. Subiendo y subiendo, y bajando y bajando. Según el capricho de las montañas y los valles. Difícilmente se alcanza la cuarta marcha. En Valldal hay que coger un Ferry. El precio del coche es 55kr, más 23 kr por persona. Quince minutos de recorrido para disfrutar del primer paseo en barco por un fiordo.

Son las tres de la tarde. Ni una tienda, bar o restaurante a dos mil metros de altura, y.... Otra vez un sitio idílico para almorzar. Al llegar a la cima del siguiente monte. ¡Geiranger a la vista! Allá al fondo, aún muy lejos, pero una foto fantástica. Además, tuvimos suerte, porque estaba atracado un crucero que venia de Italia que hacía un marco inmejorable. Al echar esta foto entendí algunas cosas. Cuando había vistos fotos de Geiranger, siempre había pensado que la gente había andado durante horas por la montaña para llegar a un buen sitio desde el que sacar la foto desde lo alto, pero no es así. Los noruegos son muy listos, y a pesar de ser carreteras muy malas, llegan a todas partes. Todas las fotos de los catálogos están tiradas desde sitios a los que se llega en coche. Así que no se preocupen los vagos. Si no se quiere, no hace falta andar y no meter en la maleta las botas de treking. (Ojo, esto no cuenta en el glaciar Briksdalen, allí más vale calzarse bien). Y repetimos la experiencia: Rebanada de pan, levepostei y a disfrutar de las vistas.

Después de dormir la siesta tumbados al sol (aquí me saqué yo el colorcito tan majo que se me ha "quedao"), empezamos la bajada a Geiranger. A medio camino, hay un mirador en el que resulta bastante complicado aparcar, y hay que tener cuidado. Y si hace un día tan bueno como el nuestro te puedes pegar una ducha en un cascada que te dejará refresco.

Y fotos, y más fotos. Cuando todas son tan bonitas, ¿cómo elegir? Siempre serán más bonitas cuando no aparezca yo en ella. Las vistas desde el mirador son las mejores de Geiranger.

Una vez en Geiranger, es impepinable no hacer un paseo en barco. El paseo dura hora y media y cuesta 130kr por persona. Ojo, porque el último servicio es las 17.00h. Noruega cierra pronto. Aunque a mí me impresionó más la vista del Trollstigen, el tour por el fiordo no decepciona en absoluto. Montes y muros, cascadas y caídas de agua... y lo que resulta más increíble. Alguna granja en pleno monte. La megafonía cuenta una divertida historia, de una granja en la que antiguamente tenían que atar a los niños para que no calleran al vacío y que recibieron la visita de toda la familia real hace unos años. La mejor anécdota, la del cobrador de impuestos que pretendió acceder a la vivienda, pero le cortaron la soga que servía de único acceso. Las mejores cascadas: Las siete hermanas (siete pequeñas cataratas) y la botella (con una imagen idéntica al vodka Absolut).




Y dejamos Geiranger. Con algo de nostalgia. Llevo hablando y oyendo sobre Geiranger los 3 años que llevo en Noruega, y una vez que se llega a un sitio del que se ha oído tanto, resulta difícil abandonarlo. Pero visto está, así que siguiente etapa. Pues la belleza continúa. En tan sólo 20 minutos, desde Geiranger, que está a nivel del mar, subimos a 2000 metros de altura. Con nieve hasta las orejas y, la verdad, frío. A pesar de ello, no hizo falta ponerse el jersey, y la foto en camiseta mola.

Pero más... y más... y más... Otros 500 metros, y lo más alucinante. Un enorme lago helado en pleno julio. Una maravilla de la Naturaleza. La Unesco declaró el fiordo de Geiranger patrimonio de la Humanidad, pero se debieron despistar y no vieron este lago.

Seguimos por la carretera 63, y al llegar al cruce con la carretera 15, giramos a la derecha en sentido Stryn / Maloy. Al llegar a Stryn, hay que tomar la carretera 60 en sentido Loen / Forde. Nuestro destino es Olden, sede de una de las fábricas de agua mineral más importante de Noruega. Aquí tomaremos fuerza para subir al glaciar el próximo día. En Olden hay que tomar una carretera que lleva a Briksdalsbreen.

Se puede dormir en una cabaña en los múltiples campings del camino, pero yo recomiendo en el que estuvimos nosotros, que es el más cercano al glaciar y permite tener el coche aparcado ahí mientras subes al glaciar. Sino, tienes que pagar aparcamiento. El camping se llama Melkevoll Bretun.

sábado, 5 de julio de 2008

Geiranger, 3 días en el paraíso. Día 1

NOTA DEL AUTOR: Esta crónica del viaje tiene partes en cursiva, correspondientes a meras indicaciones en la ruta, que sólo serán de interés para aquellos que conduzcan. Sáltatelas si no estás en tu coche. PD: Todas las fotos son mías, y aunque no lo parezca, no volamos en helicóptero.
3 días en el paraíso, el título de esta entrada, podría parecer exagerado, pero no es así. Lo que mis ojos han visto en tan sólo unas horas no se puede resumir en palabras, fotos o vídeos. Es absolutamente increíble. Si uno fuera más creyente, y me tragase eso de la creación del altísimo, podría sin duda decir que se le escurrió la paleta de colores sobre Geiranger, dejando una fantástica mancha de belleza. También podría haber titulado "Lo mejor de Noruega en tan sólo 3 días", porque a pesar de no incluir en la ruta ni Oslo ni Bergen, hemos visto fiordos hasta salirnos por las orejas. Y unos paisajes que, a cada curva en las montañas, hacía abrir aún más la boca, caerse más la baba y dilatar las pupilas hasta el extremo.
Pero pongámonos en marcha. Partamos de que éste fue mi regalo de cumpleaños. Fue un viaje de martes a viernes, y el jueves, 3 de julio, celebraba mi 30 cumpleaños. Llevo unas cuantas fiestas a mis espaldas en los últimos meses, entre despedidas de solteros y demás (lo cual será mi próximo post), y como íbamos a estar sin niño cuatro días, dijimos: ¿Por qué no? E hicimos lo que siempre quise hacer. Casi sin planear, cogimos el coche, y sin reservas de ningún tipo, nos liamos a hacer kilómetros. Nada menos que más de 1.200 km por carreteras secundarias. (Digo casi sin planear porque este viaje le tenía yo ya planteado desde hace tiempo, pero lo de sin reservas sí es cierto. El único techo asegurado era el de nuestro Ford Focus familiar, con una trasera transformable en cama, pero la experiencia me enseñaría que es una cama para alguien que mida menos de 1,90). En este enlace, se puede encontrar el proyecto inicial de viaje, basado únicamente en información de Internet y mapas de carreteras. La experiencia lo ha mejorado mucho.
En este mapa, el cual sería nuestro único GPS a lo largo del trayecto, se observa, más o menos, resaltado en rosa el recorrido que realizamos. Todo el centro de Noruega en coche, con visita a Vestlandet (oeste del país).

Salimos de Solbergelva, a las 3 de la tarde. Pasamos por Drammen y tomamos la carretera E16, en sentido Oslo. Se atraviesa Oslo y se toma la carretera E6, sentido aeropuerto Gardemoen (dibujito del avión) y Lillehamer.

El viaje planeado para hoy es de 495 kilómetros, y teniendo en cuenta que la media en las carreteras noruegas es de 70 km/h, hace un total de 7 horas, más la pausa para comer, cerca de 8 horas, que es lo que nosotros tardamos. En noruega es fundamental respetar los llamados Fotobox (caja fotográfica), lo que son radares fijos, de los cuales ya he hablado en otro de mis posts. Allí ya incluía una foto de estos aparatos, lo cual es de mucha ayuda. También es de agradecer, que aproximadamente un kilómetro antes de cada "ojo", hay una señal con una cámara fotográfica que advierte de la amenaza. Si te pasas unos 10km/h, la gracia cuesta entre 3.000 y 4.000 kr (1€=8kr, 1kr=20pts), y el viaje ya se pondría por un pico nada más empezar.

La primera localidad de paso importante es Hamar, destacada por su pabellón deportivo conocido como "El barco vikingo". Es fácil entender el por qué cuando se ve desde la distancia, pues representa tal cual un bote vikingo boca abajo. Llegamos a Lillehamer, sede de los Juegos Olímpicos de Invierno en 1994, los cuales los españoles recordamos bastante porque estábamos con la resaca de nuestra Barcelona 02. Lillehamer tenía prevista una visita, pero entre que era un poco tarde, y que un villa olímpica de invierno, en pleno julio, pierde bastante, la pasamos de largo. Tan sólo merece la pena ver los saltos de esquí desde la distancia. http://www.lillehamer.com/

Al pasar Lillehamer empieza el despiporre de paisajes. Tiramos cerca de 30 fotos desde el coche. Más tarde tocaría borrar muchas, ya que las vistas mejoran a cada nueva curva. Paramos a almorzar a una media hora de Lillehamer, y, dios qué maravilla. Sacamos nuestra nevera, y las tostadas de pan con levepostei (paté), makrell con tomate (caballa) y huevos cocidos, saben mucho mejor cuando tienes delante montañas repletas de árboles, de esos que adornaron España allá por los reyes católicos. Seguimos el viaje al atardecer (en verano no anoche en Noruega, sólo "atardece"), y disfrutamos de una puesta de sol sobre una montaña nevada preciosa. Estas primeras nieves tendrían su foto, pero no serían nada comparable a lo que nos esperaba más arriba.Se sigue por la E6, en dirección a Trondheim. Al llegar a Dombås (que se pronuncia Dumbos, lo cual tuvo su consabido chiste estúpido), se abandona la E6 y se toma E136 en sentido Ålesund). Antes de llegar a Åndalsnes hay que tener cuidado, se debe girar a la izquierda por la carretera 63, donde hay un cartel que indica Trollstigen y Geiranger, pero hay que pasar por un pequeño puente por el que malcabe un coche. Parece imposible que sea un paso turístico, pero sí, lo es.

Seguimos avanzando. Ya son las doce de la "noche" y hay que buscar un sitio para dormir. Avanzamos hasta el último camping antes de llegar a Trollstigen http://www.trollstigen.no/ . Pero nosotros nos habíamos propuesto hacer una aventura de verdad y dormir en el coche. Llegó la primera sorpresa. Otra cosa a tener en cuenta. Cuando en Noruega veas una señal que ponga "peligro vacas", o "peligro alces", o "peligro cabras y ovejas", créetela, será verdad. Durante todo el camino se nos cruzaron multitud de animales, domésticos y no tan domésticos. Pero nuestras mejores amigas serían las vacas. Aparcamos en un sitio por el que nuestro cochecito le costó un montón e hizo salir humo del motor. Primero resultaba bucólico, escuchar los cencerros en lontananza, pero cuando estábamos dispuestos a sacar nuestra mesita de camping, empezaron a acercarse vacas. Y más vacas. Y más vacas. ¡Hasta once! Pero mejor que explicarlo, es ver el vídeo que grabamos.



Y claro, tuvimos que abandonar el lugar. Dimos marcha atrás hasta pasar la frontera de los animales. Esto es, rejas en el suelo que impiden que atraviesen. Ya es zona segura. Y realmente acertamos. Encontramos otro lugar inmejorable. Un llano para poner las sillas y mesa, un riachuelo de agua turquesa donde lavarnos, y una montaña con cascada donde relajar nuestros ojos. Fabuloso. Aquí hicimos nuestra particular cena. Comida nacional noruega: el pølse, lo que viene a ser el perrito caliente de toda la vida. Se calienta en el "engansgrill", barbacoa de usar y tirar, muy práctica e increíble que no se comercialice en España. Bueno, quizás no tan increíble si atendemos a nuestra tasa de incendios. Acompañamos tan "exquisito" manjar con un buen vino. Bueno vino por la hora y el lugar que era. En noruega es normal comprar cajas de tres litros de vino. Vienen con un surtidor y al principio yo era muy crítico con ello, defensor de la pureza del vidrio y el corcho, pero una vez en ruta, se valora lo práctico. Y es práctico tener siempre un par de copitas de vino con la cena.

Y de aquí, al coche. Buen consejo, no intenteis dormir en el maletero de un coche, por muy Stasion Vagon que sea.

jueves, 5 de junio de 2008

Adolescentes borrachos, copenhague desde el hotel

Quien con niños se acuesta, meao se levanta. Dice el refrán. Y qué sabia es la tradición popular. Nos acostamos a las doce, con todos los niños como angelitos en sus habitaciones. Peeero, ellos hicieron su labor de adolescente tocagüevos y, tras la medianoche, cuando ya la carroza se ha convertido en calabaza, se escaparon a hurtadillas para descubrir la magia de la noche danesa que yo no he tenido opción de catar, para poder disfrutar de un país que permite beber a los mayores de 16 años. Hay un dicho en Noruega que dice "Det er deilig å være norsk i Denmark". Que significa "es maravilloso ser noruego en Dinamarca", es decir, es genial visitar un sitio con leyes más laxas y precios más bajos. A beber. Y nada hubiera pasado si la luz de la mañana hubiera disimulado las marcas de la noche. Pero siempre hay alguien que lo jode. Otro refrán castellano. A las diez de la mañana, cuando todos esperábamos, uno de los más revoltosos continuaba en la cama, y casi en coma. A partir de aquí el viaje dejó de tener gracia. Pues ante el miedo de una escuela privada de perder la subvención estatal si se descubre que sus pupilos se embriagan, a los profes les toca hacer de polis, aunque no cobren por ello. Tras descubrir multitud de frascos vacíos de botellas espirituosas (lo que muestra que fueron prácticamente todos los que se agarraron el pedo), pudimos ponernos en marcha a Rundetårn, la Torre Redonda. El acceso a la torre es lo más atractivo. La mitad una espiral interminable. Y la otra mitad escalones, aún más interminables. Una vez arriba, lo de siempre. Vistas. Esto nunca lo he llegado a entender. ¿Por qué el ser humano está tan obsesionado por verlo todo desde arriba? ¿Tales son los complejos que tenemos? Copenhague desde las alturas no tiene nada especial. Una ciudad preciosa, pero unos tejados sosos. Tampoco pasa nada. No dejan de ser tejados al fin y al cabo. El día continuó en el parque de atracciones. Tivoli. Yo no lo pude disfrutar mucho, porque a las dos horas, antes de abrir las principales atracciones, me tocó volver al hotel a vigilar que los niñatos aún sobrevivían. Aquí un desahogo. Yo no soy profesor, pero no me desagrada. Lo que no soporto es ser niñera, así que imaginen cómo me sentí. Por lo demás, Tivoli es bonito, pero no es el mejor parque de atracciones del mundo, ni mucho menos. Aunque sí es el más antiguo del mundo, y eso le honra. Tiene de bueno que está en pleno centro de Copenhague, y es un buen plan para pasar el domingo con la familia, pero si lo que se buscan son muchas emociones fuertes, no es el mejor sitio. Es un parque pequeño, y lo que más tiene son tiendas. Atracciones poquitas. A mí me dio tiempo a disfrutar de la montaña rusa, de los pinipons, y del columpio volador o como se llame. Te sientas en un columpio y empiezas a dar vueltas y vueltas y a subir y a subir. Este estuvo bien. Para relajarme de tanto niñato, me dí un paseo yo sólo por el centro, que es una de las cosas que más me gusta. Sentarme en una terraza y disfrutar de una buena cerveza y mirar a la gente. No sé si me dio un ataque patrio, pero me pedí una San Miguel. Merece la pena la plaza Højbro, en la zona peatonal de Strøget. Aquí se juntan turistas, con un enano que cantaba a gritos y se pensaba que lo hacía bien, un grupe de "jarecrisnas", que no pensarían que cantaban bien, pero no paraban con las campanitas, un ajedrecista que retaba a cualquiera que no le temiera, y bellezas danesas que se pasean con sus bolsitas de Zara colgada de la muñeca. Sí, de Zara. Por supuesto.Para la hora de la cena otra buena recomendación. Rizraz. Tienen dos restaurantes en el centro de Copenhague, y por tan sólo 79 DKK, te ofrecen un buffet muy variado y de gran calidad, con comida mediterránea y sin un gramo de carne. No se lo pierda. Coma bien, sano y barato.
Y de vuelta al hotel, a hacer guardia cada dos horas. Y por supuesto, los adolescentes no defraudaron. A las 3 de la mañana, apareció por arte de magia un joven danés en la habitación de nuestras niñas con un buen número de Carlsbergs. Sin comentarios.
Y de vuelta a casa, bueno, de vuelta a Noruega. Con parada obligada en la frontera entre Suecia y Noruega, lado sueco. ¿Por qué? Porque es un deporte nacional cruzar la frontera para comprar cervezas, tabaco y carne. Todo a unos precios casi el 50% más barato que a tan sólo 5 kilómetros de distancia. Y después de llenar el depósito, a entregar los adolescentes a sus padres. Que los aguanten ellos. He dicho.

Christiania, free country

El segundo día en Copenhague sería el mejor. Un día para conocer una maravillosa ciudad. Un día para disfrutar... sin alumnos.
La mañana comenzó con museos. Si lo que os gustan son los museos, no deberéis hacer caso a esta "guía" turística. No soy muy amante de los museos. Me gustan más las ciudades. Conocer sus calles, sus gentes, sus bares. Si hay algo que quiero ver en un museo, voy, y veo eso. "El grito" de Munch me vuelve loco. Pues voy, y lo veo. Aunque mira, he puesto un mal ejemplo, porque cuando fui a visitar el museo de Munch en Oslo me llevé varias sorpresas, sorpresas fantásticas. Este es un museo muy recomendable. Pero centrémonos. Estamos en Dinamarca. Quizás sea que los dos museos que visitamos son "demasiado" educativos. Pero a mí no me fascinaron. El primero, la Glyptoteca. Tiene una gran colección de arte antiguo. De hecho, tiene una de las mejores colecciones de arte egipcio y romano del mundo. Para quien le guste, oiga. Está bien. Pero tantas cabezas cansan. Además, yo acompañaba a un chico en silla de ruedas, y el edificio será muy bonito, pero en su época no atendían mucho a la movilidad. Casi como ahora. De camino al museo nacional, nos equivocamos y entramos en el ayuntamiento. Fue una casualidad, pero merece la pena entrar a echar un vistazo. Tiene una sala enorme con muchas banderas danesas y una artesanía muy interesante. Ya en el Museo Nacional de Dinamarca, más de lo mismo. Muy interesante, sí. Pero una vez vistas diez piedras que servían de cuchillo hace cinco mil años, vistas todas. No necesito ver la colección completa de las cinco mil cuchillas que encontraron en las tumbas, de aquellos que por cierto mantienen en el museo, que cuenta con una nutrida representación de cadáveres. Esqueleto de mamá con bebé incluido. Hasta aquí, las visitas educativas obligadas.
La siguiente visita era voluntaria, y como todo lo voluntario...sólo profesores y dos alumnos. Y menos mal. Nyhavn. Una maravilla. No se lo pierda. Antiguo puerto pesquero reconvertido en zona turística con cafés y paseos en barco. La arquitectura aquí merece mucho la pena. Las casas son de colores vivos porque se pintaron con los restos de pintura de los barcos pesqueros. Un apaño convertido en arte. Muy recomendable sentarse en una de las terrazas y disfrutar del pescado si hay hambre o de un helado si se va por el postre.
Paseo en barco por los canales: Otra visita muy recomendada. Por 60 DKK se da un paseo por los canales de Copenhague, pasando por la Nueva Opera, la popular Sirenita y el resto de canales a cuyos lados se esparce una fabulosa arquitectura escandinava. Sobre la Sirenita, ocurre como todos esos pequeños detalles que hacen famosas a las ciudades. ¿Habéis visto la rana de la Universidad de Salamanca? ¿El niño enfadado de Oslo? No será tan bonito, pero se siente algo especial al estar delante de ello. A mí me pasó con la Sirenita, aunque la viera desde el agua. En estos paseos en barco de tan sólo una hora, te presentan lo fundamental de la ciudad, y luego ya tienes todo el día para tumbarte "panzarriba" en sus parques, como el Jardin Rosenborg, que sólo lo vi de paso, pero estaba llenito de gente. Los escandinavos enseguida se desnudan en los parque a broncearse en cuanto el sol asoma un poquito.

Ya por la tarde noche, una de las visitas más esperadas. Christiania. Este es un barrio con ley aparte. Era un antiguo cuartel que en los setenta fue okupado, con K, por un grupo de hippies que abogaban por la legalización de la marihuana. Y ahí siguen los mismos hippies. Un paseo por sus poco más de dos calles da impresión, incluso a quien ha pasado horas en el Cantarranas de Valladolid o la Malasaña de los 80 en Madrid. Nada más entrar a este pequeño gueto, un cartel enorme anuncia que los fotógrafos no son bienvenidos. No quieren ser bichos de zoo, y no quieren que los turistas vayan a hacer fotos de cómo se hacen porros. Comprensible. En este barrio se juntan jóvenes adolescentes porreros con viejos hippies pasados de rosca, al tiempo que niños jugando en los parques. Y marihuna. Mucha marihuna. En mi vida había visto pedruscos de hachís de tal calibre. Un hombre ofrecía a voz en grito dos piedras como puños. No pregunten por el precio o la calidad. Lo ignoro por completo. Pero a pesar de todo, nos contaron que esa es una de las zonas más seguras de todo Copenhague. ¿Por qué? Porque está rodeada de policías, claro. En Dinamarca la marihuana también es ilegal, pero hay una especie de ley no escrita que no entra en Christiania. Pero cuidado de salir de la zona delimitada con algo indebido. El registro es bastante probable. Y al salir, lo más gracioso. Un arco te despide con el lema "Usted está entrando en la Unión Europea".
Pero lo mejor de Christiania, el restaurante que se encuentra en su corazón. Spiseloppen. Una entrada digna de películas de terror. Con las paredes abarrotada no de graffitis, sino de pintadas. Uno se pregunta, ¿voy al sitio adecuado? Una vez entras, no se diferencia tanto de un restaurante corriente. Antes disponía de mesas alargadas para compartir cena con desconocidos, pero ahora también eso se ha abandonado y tú te sientas en tu mesa y pides tu menú. ¡Y qué menú! Spiseloppen es una cooperativa formada por ocho cocineros de ocho países diferentes, y cada día su menú es diferente, por eso te lo ofrecen en una fotocopia hecha a mano. A nosotros nos tocó chef francés, y los franceses tendrán sus cosas, pero los chefs son chefs. Yo pedí una perdiz, con ensalada de espinacas y queso feta, acompañado de mus de patata y ensalada tropical. Por unos 20 euros, una delicia para el paladar. Un sitio muy, muy recomendable.
De vuelta al hotel, ya muy cansados. Dio tiempo a parar en una terraza a la orilla de los canales de Christiania. Yo estuve en Bådudlejning, con una buena variedad de cervezas. Pero también se puede optar por cafés sobre un barco. Otro barco sirve de taxi y te lleva a tu casa, si está al lado del canal. Pero yo me fui andando.
PD: Todas las fotos son mías, menos por supuesto la de Christiania, pues no quise romper la norma impuesta por sus vecinos y arriesgarme a más de una mala mirada.

martes, 3 de junio de 2008

Dinamarca, paraíso de la bicicleta

(Escrito el 2 de junio de 2008)
Las bicicletas son para el verano. Y para Dinamarca. Aquí estoy. En Copenhague. Con 22 adolescentes noruegos y otros dos profesores. Es curioso. Una preciosa capital européa. Con multitud de monumentos, museos, cafés, la Sirenita... y lo que más me llama la atención son las bicicletas. Es fascinante. Hay más bicicletas que coches. Y casi todas son las típicas bicis de paseo antiguas con cestillo delante y atrás. Conviene decir que hemos tenido mucha suerte con el tiempo, y hay unos 30 grados de día y casi 20 ahora que son las doce y media de la noche. Me pregunto cómo será cuando la nieve llegue hasta las orejas. No debe ser muy diferente, porque es algo que está en la cultura. Las calles están perfectamente acondicionadas para la bicicleta. Calles anchas, con carriles extras para los ciclistas. Ciclistas de todas las edades, clases sociales y pintejas. Con corbata, con minifalda, con crestas y con sombrero. También se pueden alquilar bicicletas por días. Veremos si mañana o pasado podemos hacer un “tour”.

Por lo demás, no ha dado mucho tiempo a más. Tuvimos un pequeño gran incidente que nos hizo llegar a nuestro destino con dos o tres horas de retraso sobre el horario previsto. Resulta que yo y mi Guía Campsa somos más efectivos que un chofer noruego y su GPS. Estaba obsesionado con coger un ferry, y no había tal ferry. Sólo había la opción de cruzar un puente-túnel de Suecia a Dinamarca. Que tras dos horas de rodéos fue al opción definitiva. El problema estaba en que el conductor había “oído” que el peaje del puente eran 40.000 pesetas para un bus, pero al final fueron poco más de 10.000 pts/500 DKK/60€. Y cruzamos el puente. Y vaya puente. Impresionante. Una increíble obra de ingeniería que se adentra en el mar y uno se pregunta cómo se sostendrá eso. A ambos lados, agua, mucho agua. Y muchos molinos de viento. No de los de Quijote, sino de los que dan dinero. Y cuando uno no para de asombrarse del puente...para abajo, de repente. El puente se convierte en túnel que va por debajo del mar los últimos 500 metros hasta entrar en tierras danesas. Una pocholada oiga. A uno de pueblo como yo le impresiona cualquier cosa quizás.

Añadido el 17 de junio de 2008: Después de unos paseos por internet, he disminuído mi gran ignorancia al descubrir que este puente se llama Puente de Oresund y es el puente combinado (tres y coches) más grande de Europa. PD: La primera foto es de internet, pero la segunda es mía y, modestia a parte, creo que algo aprendí trabajando en El Norte de Castilla con fantásticos fotógrafos. Y de los adolescentes noruegos qué decir. Último viaje que hago como responsable de estudiantes. Y menos noruegos. La cultura noruega respecto al alcohol es terrible. Sana para el cuerpo quizás, pero insana para la cabeza. Casi todos los alumnos de este viaje tienen 18 años, y allí eso es sagrado. Mayor de edad, no le puedes ni toser. Y la otra mitad tiene 17. Menor de edad, a kilómetros del alcohol. A kilómetros del alcohol de cara a la galería, porque claro está que tienen una sed de aupa. La profesora francesa y yo el español, queríamos dar un poco de carta blanca, pero la noruega, de Bergen para más señas, y ya con sus añitos, puso las íes bajo sus puntos y aquí dios y después gloria. Qué quiere eso decir. Que los alumnos seguirán bebiendo, pero no les veremos. De momento, reconocer que se portan estos noruegos. Ni pizca de bulla en el bus, y a las doce en punto en casa. Como angelitos y cenicientas. Ahora son la una menos cuarto y no se oye nada. Que siga así. Suena abuelete decirlo, pero cuando yo tenía su edad y hacíamos un viaje, quizás no bebíamos, pero ruido hacíamos un rato. Bueno, y ahora me retiro a intentar dormir en este camastro tipo IKEA de oferta. Nota: Será barato, pero no recomiendo el Dan Hostel si lo que se quiere es confort y comodidad. www.danhostel.com/copenhaguecity