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domingo, 24 de mayo de 2026

Når hat gir flere klikk enn virkeligheten / Cuando el odio da más clics que la realidad

 Som politiker er Jon Helgheim åpenbart ikke min favoritt. Men som ekspert på markedsføring må jeg erkjenne at han er en av de beste. Nok en gang har han klart å være i alle medier, skape tusenvis av kommentarer og millioner av klikk, ved å fremstille et problem som egentlig ikke er et problem, og manipulere virkeligheten for å støtte sitt eget narrativ.


I dette tilfellet er det tre saker: den påståtte, ifølge FrP, «økende rasistiske ungdomsvolden fra unge utlendinger»; saken om å vise ansiktene til mindreårige i sosiale medier; og det reelle voldsproblemet i landet som skyldes alkoholkulturen.

Det som har skapt flest overskrifter er, etter min mening, det minst relevante. Bildet av ungdommene på Helgheims Facebook-side.

Ikke fordi det ikke er viktig, men fordi det finnes et klart tilfelle her: regelverket forbyr publisering av bilder av personer uten deres samtykke, spesielt når det gjelder mindreårige, og Helgheim gjør det likevel. Enda mer alvorlig er det at han gjør det fullt bevisst om at det ikke er lovlig, men fordi han vet at det vil gi ham stor oppmerksomhet. Deretter redigerer han bildet, kommer med et par bortforklaringer og møter ingen konsekvenser.

Det han derimot har oppnådd, er å sette i gang hordene av følgere på Facebook med sin egen drittpakke-maskin, slik at alt hatet mot utlendinger flyter fritt og fyller sosiale medier med søppel. «Det er ikke mitt ansvar hva andre skriver», svarer Helgheim alltid, samtidig som han vet svært godt hvilken påvirkning han har, og hvilket publikum mange av følgerne hans består av.

Jeg hadde frekkheten til å kommentere innlegget hans, og det manglet ikke på fornærmelser og skjellsord, hvor «naiv» eller «tulling» var det mest uskyldige. Det overrasker meg ikke at folk ikke ønsker å delta i offentlige debatter når hatet er økende. Men høyrepopulismen må stoppes.

Helgheim fremstiller som et «typisk monster» en avskyelig enkelthendelse, hvor noen menn eller unge gutter slår en annen. Vi kjenner ingen kontekst rundt saken og har ingen flere opplysninger, men vi vet at den som ble angrepet er hvit og angriperne mørke. Det er nok for Helgheim til å hevde at det finnes en økende ungdomsvold blant innvandrere, og dermed bidra til økt hat og polarisering i samfunnet.

Og det som faktisk er sant, og som man bare trenger å spørre politiet om, er at det 17. mai, som nesten hver helg, var dusinvis av slagsmål mellom mennesker av nesten alle hudfarger, hvor årsaken til konfliktene ikke var rasisme, men overdreven alkoholkonsum og mangel på selvkontroll.

Jeg var i tvil om jeg skulle skrive dette innlegget, fordi jeg samtidig gir enda mer oppmerksomhet til FrP og deres manipulasjon. Men jeg mener det er viktig at noen forsøker å avsløre dem, selv om jeg ikke får like mange likes.
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Como político, John Helgheim no es evidentemente mi favorito. Pero como experto en marketing, he de reconocer que es uno de los mejores. Una vez más, ha conseguido estar en todos los medios, miles de comentarios y millones de clics, a través de presentar un problema que no es tal y manipular la realidad para defender su relato.

En este caso hay tres asuntos: la presunta, según FrP, “creciente violencia juvenil racista de jóvenes extranjeros”; el caso de mostrar el rostro de menores en redes sociales; y el problema real de violencia del país a causa de la cultura del alcohol.

El hecho que ha provocado más portadas es, a mi parecer, el menos relevante. La imagen de los jóvenes en el Facebook de Helgheim.

No porque no tenga importancia, sino porque hay un caso claro: la normativa prohíbe publicar el rostro de personas sin su consentimiento, especialmente si son menores, y Helgheim lo hace. Y más aún, lo hace con conciencia de que no es legal, pero sabe que le va a dar mucha visibilidad. Luego retoca la foto, hace un par de declaraciones echando balones fuera y no recibe ninguna consecuencia.

Eso sí, ha conseguido que su horda de seguidores en Facebook se ponga en marcha con su máquina del fango y saque todo su odio a lo extranjero, llenando las redes de bazofia. “No es mi responsabilidad lo que otros escriban”, responde siempre Helgheim, cuando sabe perfectamente de su repercusión y del perfil de muchos de sus seguidores.

Yo tuve la osadía de comentar en su post y no han faltado los insultos y ofensas, donde naif o tulling era lo más inocente. No me extraña que la gente no quiera participar en foros públicos, cuando el odio es creciente. Pero al populismo de derechas hay que pararle los pies.

Helgheim presenta como un “typisk Monster” un hecho puntual repugnante, donde unos hombres o unos jóvenes pegan a otro. No tenemos ningún contexto del caso ni conocemos más datos, pero sí sabemos que el agredido es blanco y los agresores oscuros. Suficiente para Helgheim para decir que hay una creciente violencia juvenil por parte de inmigrantes, creciendo así el odio y la polarización en la sociedad.

Y lo que sí es cierto, y solo hay que preguntar a la policía, es que el 17 de mayo, como casi cada fin de semana, hubo decenas de peleas entre personas de casi todos los colores, donde la causa de la disputa no eran motivos raciales, sino la excesiva ingesta de alcohol y el mínimo autocontrol.

Me estaba preguntando si escribir este post, porque estoy dando aún más visibilidad a FrP y su manipulación, pero me parece importante que se les pueda desenmascarar, aunque yo no consiga tantos likes.



miércoles, 6 de noviembre de 2013

Noruega es una mierda

Tranquilo, tranquilo. Antes de que empieces a lanzarme piedras, sigue leyendo. Soy un periodista amarillista al que le gustan los titulares que atraen lectores. "Noruega es una mierda". No, no lo pienso, pero el asunto de este post es que, si lo pensara y quisiera decirlo, no debería tener ningún problema en afirmarlo. Pero no todos están de acuerdo con eso. 
Hace un par de días sucedió una terrible tragedia en un pueblo de Noruega. Una persona, a la que le habían denegado el asilo y estaba esperando su deportación, entró en un autobús con un cuchillo y asesinó a las tres personas que estaban en el: dos hombres de unos 50 años y una joven de 19. Un auténtico drama que tiene conmocionado al país. Pero paralelo a él, siempre surgen nuevos dramas para los inmigrantes que han de sufrir la rabia y sinrazón provocada por el hecho aislado de un asesino y enfermo mental. 
La nueva Primer Ministro, la conservadora Erna Solberg, ya se ha apresurado a decir que los solicitantes de asilo a los que se les haya denegado y estén esperando su deportación, estarán en centros diferentes de los que estén en trámites. No deja de tener su lógica. Tampoco el que se refuercen los controles psiquiátricos de los solicitantes que proceden de zonas de conflicto. Pero existe el riesgo de los problemas que provocan las actuaciones en caliente. El riesgo de que esto sea sólo un primer paso para llegar al mismo sistema de centros de internamiento de emigrantes que existen en España, que se parecen más a Guantánamo que a un centro de ayuda. 
Otra de las terribles consecuencias de hechos como estos, es el incremento de afirmaciones y hechos racistas. Un ejemplo es el texto que ha empezado a correr por las redes sociales. También compartido por gente a la que yo consideraba mi amiga. Este es el texto.
Tiene huevos que empiece diciendo "para nada soy racista". Frase típica del que lo es. Como esa de "yo no soy racista, pero no me gustan los gitanos". El texto habla de "nuestra nación, nuestro país y nuestro modo de vida". Y yo pregunto: ¿quién dice esto? ¿Quién se considera con la propiedad de Noruega? Aunque a alguno no le guste, Noruega es ahora también mi país, mi nación. 
Continúa diciendo que quiere que los emigrantes estén agusto, pero que "si te quejas o criticas nuestra bandera, nuestras creencias o nuestro modo de vida" no tienes nada que hacer aquí. 
¡Y una mierda! Soy inmigrante, sí. Pero yo me quejo y critico lo que me da la gana y cuando me da la gana. Igual que critico a España. En este blog hay de todo. 
Eso es lo que se llama libertad. Libertad de expresión. De la cual Noruega puede sentirse orgullosa. Y al que no le gusté eso, quizás sea esa la persona que no tiene nada que hacer en este país, esta nación. Menos mal que no es el sentir general en este país, porque si así fuera, yo diría: NORUEGA ES UNA MIERDA.