Me había comprometido a seguir la hora de la tierra, y así lo hago. Desde mi casa en Solbergelva, Noruega. Como nos pedían a todos los blogueros, escribo durante este periodo de penumbra, sentado en la mesa de la cocina, y alumbrado tan solo por la luz de la farola que entra por la ventana, que permanece encendida. La protección de la tierra no debe colisionar con tratar de evitar las colisiones.¿Qué hemos hecho nosotros? Apagar todas las luces, que son muchas, en una casa de dos plantas y más de 150 metros cuadrados. Las costumbres sobre iluminación son distintas en Noruega y España. Aquí hay pocas luces fuertes, lámparas que iluminen toda una habitación. Es normal tener varias luces indirectas. Por toda la casa. Lo cual significa que hay poca luz en general, pero siempre hay iluminación en casi todas las habitaciones y no se suele utilizar el interruptor, ni para bien ni para mal. Esta es una guerra que tengo a menudo con mi esposa. Ella enciende luces, yo las apago. Tenemos dos salones conectados por un arco con puerta corredera, y yo no entiendo porqué el comedor tiene que estar encendido. "Es más 'koselig'". Horrible parada noruega que se traduce como acogedor, encantador, rico, mono... ñoño. Pero en Noruega son muy normales las velas. Muchas velas. A la par de las luces indirectas. Por eso el apagón no nos ha pillado desprevenidos y les hemos dado candela. ¡Qué bonitas son las velas! Eso sí, la tele sigue encendida.
¿Qué han hecho los vecinos? La verdad, es que con esto de vivir casi en plena naturaleza, es difícil determinar el alcance de esta iniciativa, aquí en Solbergelva, un villorrio a 45 kilómetros de Oslo. Las farolas siguen encendidas, y la pista de esquí alpino que se divisa desde la ventana en que me encuentro brilla a plena potencia. No pueden perder una hora de "forfait". La zona donde vivo es un valle, con las casas desperdigadas a lo largo de la falda de las montañas, y parece que la gente sí lo está siguiendo. Da la impresión de más oscuridad, pero la verdad es que nunca hay mucho movimiento por aquí.
¿Servirá esto para algo? No lo sé. Pero iniciativas como esta, que movilizan a millones de personas en todo el planeta por una buena causa, hacen pensar que sigue mereciendo la pena pertenecer a la raza humana. ¿Para cuando una hora en el planeta sin que se dispare ni un tiro?