jueves, 22 de octubre de 2020

De mascarillas, rollos de una noche y diferencias entre mear y orinar

 Hoy tenía que haber entrado en el Todo por la radio de la Cadena SER, pero la actualidad de la moción de censura ha hecho que mi participación se cayera. Tengo claro que soy suplente de los suplentes, pero la verdad que quedar eliminado por culpa de Santiago Abascal es como una patada en los cataplines. 

El tema de hoy, como últimamente, es la actualidad COVID en Noruega, en contraposición a la española, con ese puntito de gracieta e ironía del TXR. Como el guión ya lo tenía hecho, lo comparto por aquí para que al menos no caiga en saco roto. 

- Cómo está la situación en Noruega

La verdad es que cualquier comparación con las cifras de España es irrisoria, porque aquí son casi diez veces menores, pero en los últimos días está habiendo varios brotes y hace saltar las alarmas. Hemos estado por debajo de 30 casos por 100.000 bastante tiempo, y acabo de ver que ya estamos en 37, lo que hace que sea el país con menos casos de Europa, junto con Estonia, pero ya también en zona roja.

Uno de los casos que parece que ha hecho aumentar el número de casos, fue un autobús turístico de pensionistas, que salió de Stavanger y dio una vuelta por todo el sur de Noruega y ha dejado un reguero de decenas de infectados a su camino.

-         -  Medidas que se están tomando

En general hay vida normal, aparte del distanciamiento social, pero al ser la situación en Oslo más grave, con zonas con cerca de 130 contagios por 100.000, las medidas son más duras.

Aquí existe la obligación de mascarilla en el transporte público cuando no se pueda mantener el metro de distancia. El martes, el líder del partido laborista, Jonas Gahr Stóre, fue pillado por la cámara de otro viajero en el metro y sin mascarilla. Stóre pidió rápidamente disculpas y dijo que lo había olvidado e iba con prisas, pero también quiso destacar que nunca estuvo a menos de un metro de ningún otro viajero. Una excusa que puede que le valga, y que se aprecia que un político de su altura vaya en transporte público, pero no ayuda a su imagen el hecho que hace algún tiempo tuvo que pagar 100€ de multa por viajar sin billete. Por cierto que los nuevos vagones del tranvía de Oslo son de la empresa española CAF y la semana pasada se presentaron a bombo y platillo.

Los bares no se han cerrado, pero hay límite de aforo y se apunta el nombre y teléfono de todos los asistentes para facilitar la trazabilidad. Las medidas en los bares son para toda Noruega y no ha evitado que haya habido un brote en Trondheim, después de que una persona contagiada visitara siete locales y que ha puesto a 1000 personas en cuarentena. En estos casos de Trondheim y el bus de Stavanger, ha sido portada el tema de que estos parecen ser una nueva mutación del virus, con más facilidad de contagio y más invisible, lo que facilita los super-contagiadores.

Una medida insinuada, pero no puesta en práctica, y muy discutida, la comentó el ministro de Sanidad, Bent Hóie, que durante una entrevista al diario VG recomendaba evitar tener sexo con extraños, es decir, el “one night stand”.

Universidades: difiere de universidad a universidad porque aquí muchos campus están en el medio del campo, valga la redundancia, pero en Oslo la situación es especial, y para reducir el aforo a 30% la mayoría de las clases son virtuales, y cuentan con una estación propia para hacer test covid a estudiantes y trabajadores.

Sobre las estaciones, ayer se dio una situación peculiar en Bergen. Estos puestos son carpas por donde pasan los coches y se hace la prueba dentro del coche, supongo que en España es igual. Y el sistema de ventilación falló, y tuvieron que cerrar el puesto porque varios trabajadores sufrieron una pequeña intoxicación por el dióxido de carbono de los coches.  

 -          Ayer se vieron unas imágenes patéticas en el Senado español. ¿Podría ocurrir en Noruega?

En general el respeto, y podría decir el buen rollo, prima en la política noruega, por tanto, buscando alguna similitud con el caso español, lo más que se me ocurre es cuando, el mismo Jonas Stóre, había estado en un debate con la líder del populista partido del Progreso, Siv Jensen, que se alargó a más de medianoche, y a la mañana siguiente, en lugar de saludarse en el nuevo debate con el tradicional noruego “takk for igár”, “gracias por ayer”, le dijo “takk for i natt”“gracias por nuestra ultima noche”, lo cual produjo el regocijo del respetable.

Y otro caso que se acerca a lo extravagante se produjo ayer durante el juicio a Laila Bertheussen, pareja del exministro del Partido del Progreso Tor Mikkel Wara,  que se enfrenta a varios años de cárcel por, entre otras cosas, haber pintado símbolos nazis en el coche de su pareja para hacerlo pasar por amenazas al ministro. En este juicio, ayer acudió un experto en lenguaje para descifrar el contenido de una carta supuestamente enviada por la acusada. Aquí usaba la palabra “pisse”, que significa “mear”, en lugar de “tisse”, que se puede traducir como “orinar o hacer pis”, y esta era la prueba del lingüista para intuir que la carta la había escrito una mujer, ya que usaba la palabra “hacer pis”, y si fuera un hombre habría usado “mear”.

-          Por qué las cifras son tan bajas en Noruega?

Hace uno días leí un interesante artículo en el diario VG sobre por qué Noruega se ha mantenido en cifras de infectados tan baja, cuando las medidas de restricción no han sido muy fuertes. La conclusión a la que llegaba el artículo no era tanto que se hubieran hecho las cosas bien aquí, sino que se han hecho mal en otros sitios (y no miro a nadie). Así, se puede aceptar que uno de los motivos por los que los contagios son bajos es porque aquí las medidas de distanciamiento social no suponen gran problema. Llevamos semanas de intensas lluvias que no animan a las reuniones sociales y yo conozco a más de uno y más de dos que están encantados de no tener que tocar ni con el hombro a sus congéneres.

jueves, 8 de octubre de 2020

"Erna is watching you": noticias sobre Noruega y el COVID

(Transcripción del guión de mi participación en el programa "Todo por la radio", en "La Ventana" de la SER del 08.10.2020) 
ACTUALIDAD DE NORUEGA 
(suspendida la fiesta del 12 de octubre en la embajada) 
Pues lo más destacable, por lo menos para mí, es que ahora mismo, jueves anterior al 12 de octubre, debería estar en la fiesta anual que organiza la embajada de España en Oslo. Acto social central de la comunidad española de por aquí y por supuesto suspendido por el COVID. Esta fiesta es muy popular porque es el único lugar donde puedes tener alcohol gratis en un país donde la caña vale 10 euros. Este es el motivo por el que se organiza un jueves, porque la gente trabaja al día siguiente y alcohol gratis en fin de semana aquí podría llevar a terribles consecuencias.
Aunque puede que no sea el único que se quede sin fiestas, porque hace pocas horas se ha sabido que el sábado, 70 jóvenes tuvieron una fiesta permitida en una residencia de estudiantes, y hoy han aparecido hasta el momento 8 infectados por COVID y ahora están los 200 residentes de cuarentena en sus habitaciones. Y el Ayuntamiento ha dicho que se acabaron las fiestecitas.
 (mascarilla “Erna is watching you”) 
Aparte de esto, Noruega, para variar, vive una realidad paralela. Aquí es ahora el tema de portada la propuesta de presupuesto para los próximos dos años y se centran en la reducción en el impuesto sobre el patrimonio que va a suponer que los más ricos del país paguen 125 millones de euros menos el próximo año. Para quitar un poco de hierro a este asunto y recordar el principal problema en el mundo, la primera ministra Erna Solberg publicó una foto en su Instagram, y luego se presentó ante el corrillo de periodistas con una mascarilla, que no es obligatoria en general en Noruega, donde se podía leer “Erna ser deg”-“Erna te ve”, haciendo referencia a la frase “Big Brother is watching you” de la novela 1984 de George Orwell. Ante la pregunta de los periodistas si este era un buen chiste porque se refiere a un sistema totalitario, Solberg respondió que ella solo lo veía divertido y que era una forma de llamar la atención ante las medidas de protección contra la pandemia.
 

(relajo en las medidas de control en todo el país)
 En general el buen rollo sigue imperando en la política noruega, a pesar de las desavenencias en cuanto al presupuesto. Hay un paralelismo claro entre España y Noruega. El país en general tiene un nivel relativamente bajo de contagio, por debajo de los 30 infectados por 100.000 habitantes los últimos 14 días, frente a los 300 de España o los 600 de Madrid, y eso hace que se relajen las medidas de control a partir de la semana que viene. Por ejemplo, se acepta que los bares sirvan alcohol más allá de las doce de la noche. Porque aquí la restricción no era tanto por cerrar el bar, sino por servir cerveza. Sin alcohol, no hay clientes, y no hay contagios. Hace unas semanas, pudo haber una tragedia cuando 25 personas acabaron en un hospital por falta de oxígeno tras la celebración de un cumpleaños en un antiguo bunker antiaereo en el centro de Oslo para saltarse esta prohibición.
 También los mayores de 20 años vamos a poder entrenar en deportes de contacto como fútbol y baloncesto. 
(confrontación Oslo-gobierno: aumento de medias en Oslo)
 Pero por otro, lado, la capital tiene niveles de contagio muy elevados, algunas zonas por encima de los 150 por 100.000 habitantes las última dos semanas y eso hace que, al igual que en España, aquí las medidas son más duras, y de hecho, el transporte público en Oslo y alrededores es el único lugar donde es obligatorio el uso de mascarilla, aunque la policía ha dicho que de momento no va a utilizar recursos para controlarlo. En general la gente lo respeta, aunque fuera de los transportes públicos todavía se mira raro al que usa mascarilla. Al revés que en España, aquí el gobierno es de Derechas y el ayuntamiento de Oslo de izquierdas, y al igual que en España, chocan en muchos puntos. Bent Høie, el “ministro Illa” noruego quería imponer duras medidas en Oslo, y se encontró de pleno con Raymond Johansen, “el Ayuso” de Oslo. Pero aquí, al revés que en España, en lugar de darse tortas, a los pocos días el Ayuntamiento de Oslo dijo que “había resistido la dura presión durante una semana”, pero que admitiría las medidas que decidiera el gobierno porque a la ciudadanía le resultaría raro choques entre gobiernos de un mismo país. ¿A qué os suena esto? 
 (pedir golosinas en Halloween) 
Pero aquí lo que realmente preocupa, es si los niños van a poder ir de casa en casa en Halloween para pedir golosinas. En principio se pensaba que no y todos los niños ya se estaban haciendo a la idea, pero ayer el Instituto de la salud noruego, publicó un alegre comunicado donde dice que sí se va a permitir, aunque no recomendar, ir a pedir chuches, siempre que se respeten las normas de seguridad, como que siempre ha de ser la misma persona de la unidad familiar la que abra la puerta para dar golosinas, y el niño que llame debe estar sano.
 (la distancia social no es problema en noruega)
 Ayer leí un interesante artículo en el diario VG sobre por qué Noruega se ha mantenido en cifras de infectados tan baja, cuando las medidas de restricción no han sido muy fuertes. La conclusión a la que llegaba el artículo no era tanto que se hubieran hecho las cosas bien aquí, sino que se han hecho mal en otros sitios (y no miro a nadie). Así, se puede aceptar que uno de los motivos por los que los contagios son bajos es porque aquí las medidas de distanciamiento social no suponen gran problema. Llevamos dos semanas de intensas lluvias que no animan a las reuniones sociales y yo conozco a más de uno y más de dos que están encantados de no tener que tocar ni con el hombro a sus congéneres.