Estoy desconcertado. Mis principios se tambalean y ya no sé cuáles son mis ídolos (a parte de mi padre, claro está). A Noruega, y especialmente a Drammen, suelen llegar las películas bastante tarde. La última que he visto fue la primera parte de Che, "El Argentino". La segunda, "Guerrilla", se estrena la próxima semana. Fui a verla con un grupo de alumnos de español y da gusto ver como aún hay adolescentes a los que les interesa la historia, a pesar de que para ello sea necesario una buena ración de bombas y tiros. La película en sí es muy recomendable. Dos horas cada parte, pero pasan deprisa. Un documental hecho cine. Buena idea. Pero ha hecho tambalear a un ídolo. Desde que soy profesor de español, he aprendido bastante de importantes figuras de la historia y la cultura hispanoamericanas. Evita, Frida, Che... En clase vimos "Diarios de motocicleta" y, entre esta proyección, fabulosa, y lo que he leído, me enamoré (de forma retórica) del tal Ernesto. Además, me mola la camiseta de la estrella y la boina calada. Pero no hay manera, este no es el ídolo que yo quiero. Ya lo sabía de antes, pero la película me recuerda que Che era un revolucionario, pero ante todo, un guerrillero, un militar, y como tal, creía en alcanzar sus metas con la fuerza. Es brutal la escena en que Che encabeza un juicio sumarísimo a varios de sus compañeros que han cometido traición, robo y violación. Y les condena a la muerte al instante. Y aquí es donde chocamos. Aquí es donde hace que me sienta un tanto hipócrita al llevar su imagen en mi camiseta. La represión, las dictaduras, las injusticias sociales... existen y hay que luchar por abolirlas, pero la palabra lucha puede entenderse de diferentes formas. Yo no creo en la lucha armada. Nunca. Puede que sea el camino más corto, sí, pero nunca será una solución. Trato de hacer un repaso en mi cabeza de las revoluciones armadas en la historia, y no recuerdo ninguna que llevara a una democracia de igualdad social y libertad. Cuba y la Unión Soviética serían los ejemplos más claros, pero hay más. Revolución no es sinónimo de pistola. Para mí, Ghandi o el Dalai Lama son extremadamente revolucionarios. Y valientes. Y si no que les pregunten a los monjes budistas ante sus últimas protestas. ¿Pero se puede conseguir algo con la revolución pacifista? Sí, con paciencia, pero sí. Allí están las madres de la Plaza de Mayo. Nunca recuperaron a sus hijos, pero movieron conciencias y políticas en todo el mundo. Así que amigo Che, me quedo con tus teorías y tu diario, pero te dejo a tí con tus tiros. Seguiré siendo un rojillo de media tinta. Aquél que nunca pudo ser "guay" en el instituto porque no le gustaba el fútbol o porque no tenía la camiseta de "Hasta la victoria siempre", porque yo le habría añadido "pero no de cualquier modo".
TRAILER DE LA PELÍCULA "CHE"Una película muuuy recomendable