lunes, 26 de abril de 2010

Me cago en Falange

Me cago en falange, manos limpias, libertad e identidad, y en todos los mamones que manipulan las palabras y las leyes y quieren condenar a los que más defienden la Libertad, pero con mayúsculas. Y me cago en ellos no sólo porque representen la extrema derecha más rancia que pensábamos estaba fuera de la vida social. No sólo porque quieren condenar a una de las pocas personas de este país que defiende los Derechos Humanos a nivel internacional. No sólo porque estén ensuciando el nombre de España, como un país cateto que se atreve a condenar a países extranjeros pero no tiene el coraje de mirar su propia historia. Sino porque, egoistamente, se han cargado una de mis mejores oportunidades profesionales.
Este post iba a llamarse "Garzón, te queremos en Oslo", o algo por el estilo, pero me pareció que el me cago en la falange, falangina y falangeta iba a atraer más lectores de primera mano.
Desde el lunes 26 al jueves 29, se celebra en Oslo la segunda edición del Oslo Freedom Forum, un encuentro de más de 250 personalidades en el ámbito de los Derechos Humanos para debatir y buscar soluciones a la multitud de problemas y límites a las libertades y la justicia que existen en el planeta. Entre la cantidad de personajes importantes, como Ingrig Betancourt, Sara Rojas, Gari Kasparov o muchos otros, destacaba para mí Baltasar Garzón, que el martes iba a participar en una mesa redonda denominada "En la cara del mal" e iba a presentar el tema "Dictadores a juicio". Y hablo constantemente en pretérito imperfecto de indicativo porque, efectivamente, esta noche me han confirmado del departamento de prensa del encuentro que su participación se cancela debido al proceso abierto en España. No sé si porque tienen prohibido viajar al extranjero mientras exista la posibilidad de sentarse en el banquillo, o porque queda feo venir a hablar a Noruega de los dictadores a juicio mientras se le procesa por intentar buscar justicia en una de las mayores dictaduras europeas del siglo XX.La jefa de prensa me había asegurado una entrevista con Garzón y yo estaba como loco de contento. Tal y como está el patio, habría salido en todos los informativos, pues yo no le he visto hablar de momento con ningún medio y todos tenemos un par de preguntas que le querríamos hacer. Estas eran las mías:

- Osl Freedom Forum trata de poner los Derechos Humanos en primera linea: ¿Cual cree que puede ser su labor en esta misión?

- Su presentación se llama “Dictadores a juicio”: ¿Puede resumirnos su presentación aquí en Oslo en sólo unas frases?

- ¿Cree que la solicitud de recusación al magistrado Varela por un lado, y el apoyo popular por otro, pueden acelerar que se eliminen los cargos contra usted?

- El caso por el que está siendo procesado, ¿cree que puede dañar la imagen de España y la lucha contra los crímenes de guerra y las dictaduras a nivel internacional?

- Puede toda esta historia abrir antiguas heridas mal cicatrizadas?

Ahí quedan, en el aire. Yo ya dudaba mucho que fuera a hablar conmigo aunque hubiera venido, pero ya habría hecho yo por arrimar el hocico, pues el amigo Baltasar y yo somos... cómo lo diría yo... como hermanos de letrina. Y me explico.
Garzón, de cerca
El año 1999, hace nada menos que 11 años, cuando yo era un tierno y feliz recién licenciado en Derecho, acudí a un curso de verano de la Universidad Complutense, en El Escorial, dirigido por Baltasar Garzón, y bajo el tema "Tribunal Penal Internacional". Realmente interesante. Aún recuerdo la controversia que trajo el invitar a Arzallus para debatir sobre este tema. El caso es que, el último día, ya terminado el curso, todos los periodistas esperaban ansiosos por hablar con don Baltasar. Yo a lo mío, tenía necesidades mingitorias, y me fui lógicamente al baño. Al momento ¿quien tenía a mi lado? Estaba orinando nada menos que junto al gran Baltasar Garzón. Le dí las gracias y la enhorabuena por un magnífico curso, pero no me pareció oportuno darle la mano. Pero lo más gracioso vino luego. Mientras nos lavábamos las manos y los periodistas esperaban fuera, entro el que era su chófer y dijo: "Señor Garzón, la A-6 está cortada por la caída de un letrero en la autopista". "¡Joder, no me jodas!", respondió el señor magistrado, frustrado porque tenía que salir pitando a una charla o reunión en La Coruña. que se vería retrasada por este percance fácilmente encontrable en las hemerotecas. Palabras tan llanas en tan ilustre personaje me hizo recordar que todos pisamos el mismo suelo, aunque unos lo hagan más fuerte que otros.
Admiro al señor Garzón. Me parece un profesional con coraje y preocupado por hacer su trabajo, a pesar de los riesgos que eso suponga, tanto por terroristas, narcotraficantes, dictadores o amigos de todos ellos que amenazan su vida día a día.
Por la dignidad de las víctimas y la justicia universal: eliminación de todos los cargos contra Garzón.

miércoles, 14 de abril de 2010

Soy un hortera

Soy un hortera. Y no, no es que lo piense yo, que me considero la personalización de la elegancia y del estilo, sino que me lo ha dicho un alumno. Sí, un estudiante, con todo su careto, me ha dicho directamente al mío que soy un poco hortera. Siempre me gustó la canción de los ilegales, la del macarra y el hortera, que va a toda hostia por la carretera, pero de eso a que me lo digan así, hay un paso.
El caso es que de nuevo viene la contraposición de los pijos y los cutres, o lo que es lo mismo en Noruega, y sólo para algunos noruegos, Oslo y Drammen. Yo vivo en Drammen, el Móstoles noruego, con todos mis respetos para Móstoles, y aquí se tienen la imagen de que Drammen es, en noruego, "harry", que se traduce como algo así entre cutre y hortera. Y trabajo en NTG-Norges Toppidrettsgymnas (Escuela Noruega para deportistas de élite). Debe ser una de las escuelas más pijas de toda Noruega. Está situada en Bærum, una de las zonas más elitistas del país. Si tenemos en cuenta el nivel de vida de este país escandinavo, podemos imaginar cómo es la cuenta corriente de los padres de muchas de estas criaturas. Casi todos tienen dos barcos, un apartamento en España y otro en Tahilandia. Así, sacando mi vena patriótica que me sale por vivir un par de años en esta urbe, pregunto: "¿Pero de dónde sacáis esa imagen cutre de Drammen? La ciudad tiene todo y más que pueda tener Baerum: salas de conciertos, bares, piscina..." Y la respuesta fue: "Quizás no es la ciudad, es la gente". Y me empecé a meter en la boca del lobo: "¿Conocéis a alguien de Drammen?". "Sólo a otro y a tí". Y vino la pregunta: "¿Y yo soy hortera?" Y llegó la respuesta: "Pues un poco". Coño, me dejó roto. Yo, con mi fular y mis gafas Police, y el niño del jersey Gant me llama hortera. Yo, que me creía el profe más guay.
David, el de las gafas horteras
Y llega admitir la realidad. Me estoy haciendo viejo. Resulta, que las gafas que se llevan ahora son las ochenteras Ray-Ban de Tom Cruise en Risky Businnes. Yo jamás me las podría poner, pues ¡¡son de los ochenta!! y nosotros somos de los noventa.
No. Ahí está el fallo, y ahí están los alumnos para recordarlo. Eso fue hace diez años. Dios mío, trabajar con adolescentes no se si me contagia la juventud o me envejece por momentos. Y les hice una pregunta en español, que tuvieron que traducir al noruego. ¿Es mejor ser un pijo que un hortera? A mí no me gusta ninguno, pero si tengo que elegir, me quedo con el hortera, que va a toda hostia por la carretera. Tom, al que le quedan bien cualquier tipo de gafas. También las Ray-Ban