
Y yo me pregunto: ¿Qué carajo tienen que ver los huevos y los conejos con la Pasión de Cristo, las lágrimas de la Magdalena y las tres negaciones de Pedro? Ni idea. Pero es lo que tiene vivir en esta tierra de Sarracenos. Que parece que vivo en una serie americana. Que llega Halloween...calaveras por todas partes. Que viene la Navidad...arbolitos naturales de dos metros en el salón. Y llega la Pascua (no tiene sentido el concepto de Semana Santa)... y a tocarse los huevos. Quiero decir, a sacar los huevos... del cajón, para adornar la casa. Invito a algún lector amante de la Wikipedia a que investigue de dónde viene esta tradición, porque a mí no me apetece. Hay que tomarlo como tradición y respetarlo, porque si no, en mi vida colocaría yo en mi casa adornos como los que acompañan este texto, tomados en distintos rincones de mi casa y a cual más hortera. Tomado en su conjunto, y como tradición, tiene su gracia. El pollo es gracioso y los huevos tienen golosinas dentro, pero con lo que no puedo son con los mantelitos amarillos. Y es que todo es amarillo. Si en Navidad los colores son el rojo y el verde, la pascua eligió la cromática gafe. Tulipanes amarillos dan el toque de glamour a la casa. Pero no lo discuto y ayudo en la decoración. Ya tuve bastante con la disputa aquellas Navidades en que quise colocar guirnaldas de colores que desentonaban con los adornos navideños estilo IKEA. Huevos amarillos hay que poner... pues huevos amarillos se ponen. Y no hay más huevos.
"¿Y por qué todo es amarillo?", se pregunta el angelito.




El pollo
Y por hablar de otras tradiciones durante esta semana en Noruega, se puede destacar su propia procesión de los borrachos, aunque un tanto alejada de la zamorana. Otra costumbre de esas que no tienen lógica ninguna es la que algunos grupos hacen en Jueves Santo: el "harry tur" (la excursión cutre, en su traducción más directa). Cogen sus coches, los más cutres y que más ruido hagan, y cruzan la frontera con Suecia. Allí esperan una serie de supermercados que, además de tener carne y tabaco a la mitad de los precios noruegos, tienen el alcohol a precios que atraen a la alcoholemia. Y muchos se lo toman a rajatabla. Tradicionales son también las imágenes por televisión de adolescentes noruegos completamente borrachos liándola parda al otro lado de la frontera. Pero son tradiciones, y quién se atreve a criticar las tradiciones. ¿O es que alguien se atreve a llevar la contraria cuando el Ku Klux Klan invade las calles españolas? ¡Señor, qué cruz!
