miércoles, 3 de agosto de 2011

Cómo viví los atentados de Oslo 3 (domingo 24 de julio)

Este no iba a ser un día divertido. Se celebraba la misa en honor de los asesinados en la catedral de Oslo. Antes de empezar la jornada, paseo por las webs para ver las novedades. No encontré mi texto de La Gaceta, pero un buen amigo publicó en Facebook: "La Gaceta a lo suyo. Publican en portada "la izquierda se olvida de que el asesino es masón". Me temblaron las piernas. Si me habían puesto algo así a un texto mío no me hacía ninguna gracia. Le pregunté a mi colega y me dijo que mi texto ocupaba tres páginas. Se había respetado el original, pero, por cosas de edición y espacio, hubo que eliminar la descripción que la policía había dado de él. Eso de que era un fundamentalista cristiano. Al día siguiente, le dije a la jefa de internacional una cosa que es importante para mí. "La Gaceta es como es, y yo no me meto. Me gusta cómo estais editando mis textos, pero os pido por favor que mis titulares siempre sean informativos y no haya opinión, porque van directamente a mi curriculum y yo no me quiero asociar con ninguna ideología". Lo entendieron perfectamente. Yo pensé que en La Gaceta no había más que gente enfadada, pero de momento, las tres personas, tres señoritas, que han estado en contacto conmigo han sido encantadoras, profesionales y han respetado mi trabajo, así que no puedo tener queja.
Pero esto me hizo pensar otra vez, como me pasó con la tertulia de Punto Radio. En España encanta la polémica y el politiqueo, y hay momentos en los que queda feo. La portada de La Gaceta no mentía. La foto de Breivik muestra un uniforme masón. Pero también es cierto que se había declarado untracristiano en sus textos. ¿Qué más da? Este tío ni es cristiano, ni masón. Es un asesino, y basta. Usar este tema para continuar las disputas internas me revuelve un poco. Pero así es España, ¿no? Yo ya empiezo a olvidarme.
MISA
Al llegar a Oslo tenía que encontrarme con el equipo de Televisa México, quienes querían que colaborara con ellos. Y todavía lo sigo haciendo. La misa iba a empezar y quedamos en la catedral. La montaña de flores junto a la iglesia empezaba a crecer. Y había cola. Me coloqué en la zona de los periodistas y me partió el corazón ver llegar al primer ministro Stoltenberg y al lider de las juventudes de su partido para colocar flores. Se veía cláramente que el gesto de sus rostros no era fingido. Luego llegó la familia real. Mette Marit, hermanastra del primer asesinado en la isla, estaba rota. Los reyes no dejaron flores, pero luego dentro de la iglesia, sus lágrimas demostraron que también tienen corazón, aunque tenga sangre azul.
Luego me encontré con los compañeros de Televisa. Son los corresponsales en Londres y son dos tíos geniales. Vitas y Horacio. En poco tiempo he aprendido mucho. Aunque ellos no lo sepan. El primer día fue un poco raro, porque no sabía bien cuál era mi misión y me sentía como el becario que tiene que llevar el trípode. Trabajaba para diez medios más y no tenía tiempo para eso, así que les tuve que dejar tras mostrales Youngstorget. Aquí me encontré con una mujer que vivió el estallido muy de cerca. Trabajaba en una tienda cercana y su marido estaba en el coche tan sólo a unos metros. Ambos salieron ilesos, pero le causó gran trastorno mental. Mostró terribles fotos de la zona justo después del estallido.  
Y otro día agotador se pasó entre llamada y llamada. El nerviosismo empezó cuando Televisa me encargó mi propio reportaje. Al día siguiente tenía que hacer un perfil de Anders Breivik. Visitando a sus vecinos y a ser posible hablando con un psiquiatra. La caza de cámara y psiquiatra fue dura. No todo se consiguió. Pero eso ya será mañana.
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Texto original de la crónica publicada en La Gaceta el lunes 25 de julio de 2011
Los noruegos son gente seria. Se ríen poco quizás, pero son felices. La vida va bien en el país y están satisfechos y orgullosos de ser quien son. Ayer tampoco reían, pero tampoco eran felices. La tragedia que sacude al país, con al menos 93 asesinados,  la mayoría de ellos jóvenes, ha sumido a todo el país en la tragedia y el dolor. Pero también en la unión y la esperanza.
El balance de víctimas es dramático. Cada vez más, si cabe. Uno de los heridos tras el tiroteo murió ayer domingo en el hospital, lo que eleva la cifra de asesinados a 86. Los medios noruegos destacaban que uno de los asesinados era un policía encargado de la seguridad en la isla que, como es normal en Noruega, patrullaba sin armas. Además, hay unos cuatro o cinco desaparecidos en las aguas junto a la isla, que ha sido completamente registrada, por los que se teme por su vida. En cuanto a cantidad de heridos ayer era de 66, muchos por herida de bala, por lo que el dramático número podría aumentar. En cuanto al ataque con bomba en la capital, se mantiene el número de siete muertos, pero hay 30 heridos en los hospitales, de los cuales 10 están muy graves o críticos. No se ha confirmado si todavía se están buscando a desaparecidos entre los escombros, pero ayer los bomberos habían dejado la zona y tan sólo estaba trabajando la brigada de investigación de la policía.
MISA
Y cada una de estas víctimas fue recordada en la misa celebrada en la catedral de Oslo. En sentido homenaje que es tan sólo el primero de los numerosos que se preparan. Hoy se hará un minuto de silencio a las doce del mediodía y se espera que toda Noruega salga a la calle a las seis de la tarde en señal de duelo. La plaza del Ayuntamiento, lugar significativo por ser la sede donde se entrega el Premio Nobel de la Paz, será el lugar de reunión en Oslo.
Las imágenes vistas junto a la iglesia fueron dramáticas. Cientos, miles de flores y velas ponían color a un día tan gris, tanto en el cielo como en los corazones de los noruegos. Veronicha Bergli acudió con un grupo de amigas a colocar varias rosas. Ella conoce a muchos de los que estaban en la isla. “Noruega es pequeña y es difícil no conocer a alguien que conoce a alguien”, afirma con la voz rota. Ella siente que, a pesar de no ser religiosa, la catedral es el lugar en el que debe estar por ser elegido como lugar de unión.
Entre los asistentes también está Hege Fjeldheim. Ella trabajaba en una tienda de cristalería cercana al lugar donde estalló la bomba. Quería haber entrado en la iglesia pero la tal cantidad de asistentes no lo permitió. “Pero ha sido bueno estar con la gente”, dijo tras admitir que esto la ha cambiado. Al pasearse de nuevo cerca de su lugar de trabajo, declaró que no se siente segura, “esto puede pasar de nuevo”.
Pera esa unión de la que se sienten orgullosos los noruegos fue la que destacó el primer ministro Jens Stoltenberg en sus palabras dentro de la catedral, que hicieron llorar incluso al rey y la reina. “Si una persona sola puede mostrar tanto odio, pensad cuánto amor podemos mostrar todos juntos”, citando las palabras que una joven había dado en una entrevista a un medio de comunicación.
Investigación
Al tiempo que se celebraba la misa, las alertas saltaban al saberse que la policía había iniciado una acción con agentes armados en un lugar de Oslo, que en principio se dijo podría tener relación con los atentados, pero al final la operación se saldó sin hallar explosivos y se canceló.
Las investigaciones se centran ahora en las declaraciones de Anders Breivik pero sobre todo en lo que él llama “manifiesto”. Un documento de cerca de 1500 páginas que publicó en internet tan sólo una hora antes de estallar la bomba y un video colgado en Youtube. En el texto, del cual se sabe que copió en parte de Ted Kaczynski, escrito en los años 70, primero plantea sus pensamientos políticos y luego es una larga entrevista consigo mismo, donde detalla momentos de su vida y cómo planeó a lo largo de varios años los atentados de Oslo.  En el mismo documento afirma que el ya contaba con ser detenido y con menos del 30% de posibilidades de escapar. Y así fue, después de un tiroteo de más de hora y media, tras el cual aún le quedaba munición. Su abogado manifestó que, según Breivik, son actos han sido “horribles pero necesarios”. En el video se muestra además su postura antimusulmana y antisocialista. En general, una ideología de extrema derecha con la que quería “salvar a Europa”, de la que manifiesta que sabe que “el 95% le odiarán, pero se lo agradecerán generaciones posteriores”.
De momento, se enfrenta a la pena máxima de la justicia noruega, que son 21 años con posibilidades de prórrogas en determinadas circunstancias, pero todo será poco para la ciudadanía noruega que tardará más tiempo, quizá una eternidad, en olvidar lo sucedido. El perdón quizás no llegue nunca.

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